Umberto Jara: “No podremos ir a otro Mundial si seguimos protegiendo la corrupción”

Jara incluye en el libro cinco reportajes sobre casos de corrupción en el fútbol peruano y una crónica sobre la hincha de la blanquirroja. (Foto: Alessandro Currarino) Puede ser una perogrullada, pero nunca está de más repetirla: en el fútbol hay victorias y fracasos, alegrías y tristezas. Lo estamos viviendo en la Copa América actual, […]

Jara incluye en el libro cinco reportajes sobre casos de corrupción en el fútbol peruano y una crónica sobre la hincha de la blanquirroja. (Foto: Alessandro Currarino)

Esa dualidad es bien recogida por el periodista Umberto Jara en su último libro, que funciona como un díptico compuesto por “Te sigo a todas partes” y “Así nos robaron” (Planeta, 2019). Mientras el primero es una crónica de la afición peruana que viajó al Mundial de Rusia, elegida como la mejor hinchada del torneo, en el segundo se incluyen una serie de reportajes que revelan el lado más oscuro de nuestro balompié: desde el aún poco claro caso de doping de Paolo Guerrero, hasta los delitos que se le imputan a Edwin Oviedo y otros dirigentes, y los vínculos de la FPF con organizaciones criminales como Los Cuellos Blancos. Porque hay casos en que la pelota sí se mancha, y mucho.

Empieza la Copa América y empieza nuestra bipolaridad también. Y en esa línea me preguntaba si este libro doble es como para leer según el estado de ánimo. Por un lado están nuestras alegrías y sueños, y por otro los que se han aprovechado de ello para armar su ilegalidad.
Claro, la decisión editorial fue finalmente poner los dos textos en uno por eso. A ver: el fenómeno que se dio con la clasificación al mundial lo vi con mucha alegría no solo por el fútbol, sino porque percibí que los jóvenes, por vez primera, tenían un sentido de pertenencia con el país. Ese era un valor importantísimo. En una sociedad en la que sus ciudadanos tienen sentido de pertenencia, significa que están teniendo identificación con lo suyo. Con sus calles, con su ciudad, con su país. Un país imperfecto, con problemas, pero que es suyo, y por eso te pones su camiseta y te sientes peruano. Entonces, cuando eso se instala en una sociedad, permite avanzar en otros rubros. Porque el chico que estudia, el profesional joven, empieza a querer destacar en su campo también. Por eso en el libro quise poner las dos historias: podemos tener alegrías, sí, podemos conquistarlas. Pero fijémonos que, paralelamente, hay gente sucia que entorpece esto. Y eso se vuelve una tarea de todos nosotros. Si permitimos eso, si no protestamos, luego es posible que no clasifiquemos a otro mundial. Y allí sí no podemos quejarnos.

¿Por qué crees que estos temas no se han investigado o se han investigado muy poco? ¿Intereses particulares? ¿Dejadez?
Creo que son varios factores. Primero, que nuestro periodismo deportivo no tiene una formación muy sólida. Y no porque no pueda investigar, sino porque creo que no les interesa y no investiga por todo lo laborioso que es. En segundo lugar, porque las empresas periodísticas no les dan a los periodistas las herramientas para poder hacer investigación. Y tercero, porque también confluyen factores negativos, como el hecho de que muchos de los implicados en corrupción, como los dirigentes, han generado un sistema sórdido de prebendas, favores, y en ocasiones hasta de sobornos.

Una situación complicada de corregir, supongo.
Bueno, yo he visto con esperanzas que, cuando se logró la clasificación al mundial de Rusia, se notó que había una nueva generación de periodistas. Por ahí podríamos encontrar algún tipo de salida a esto. Porque toda esa prensa negativa, que destruía sin analizar, fue silenciada con la clasificación. Y aparecieron periodistas con otras voces, con una mirada mejor, y con más preparación. Es una nueva generación que, por ejemplo, lee la prensa extranjera, que usa referentes valiosos, y eso ya les da una mirada diferente. Entonces yo sí veo una posibilidad de recambio generacional: así como se dio en el fútbol, con el final de los llamados “cuatro fantásticos”, creo que en el periodismo deportivo –en el que no hubo fantásticos– con mayor razón se va a poder hacer ese relevo. Y ya se está dando.

Aumenta la publicación de libros también.
Eso es otro aspecto que veo con mucho interés. Normalmente he detectado que, entre los que escriben libros, se da una especie de choque de egos. Eso es absurdo. Yo celebro cada vez que veo que alguien está publicando un libro. Porque si generamos una industria editorial, vamos a salir adelante. Y en el caso de libros vinculados al fútbol, una veta maravillosa donde hay un montón de cosas por hacer, se ha empezado a dar ese fenómeno. Eso es buenísimo porque los libros permiten una mirada más tranquila y elaborada.

Superando la idea absurda de que la literatura y el fútbol son irreconciliables.
Sí, un asunto bastante absurdo, diría yo, que en cierta medida fue propiciado por los propios escritores. Durante mucho tiempo, ciertos intelectuales miraban a quienes escribían sobre fútbol como si vinieran de un género menor. Pero al final su talento se terminó imponiendo y conquistaron muchos más lectores que esos pseudointelectuales. Porque el parentesco del fútbol con la literatura es clarísimo. El fútbol tiene todos los componentes con los que se puede construir una historia literaria: épica, gloria, honor, derrota, llanto, historias de vida, héroes que logran lo impensado, héroes del fracaso, todo.

Hablando de héroes y fracasos: el texto que incluyes en el libro sobre Paolo Guerrero y la polémica por su suspensión por doping, ¿fue el más difícil de escribir? Lo digo en el sentido de lo complicado que es poner en entredicho a una figura tan querida como él…
Lo que ocurre aquí es que los periodistas no somos portadores ni de buenas ni de malas noticias, ni de pifias ni de aplausos. Nosotros nos encargamos de relatar los acontecimientos, y si estos tienen ribetes de que una figura ha cometido errores, no tenemos por qué callarnos. El caso de Paolo Guerrero nos puso en esa disyuntiva, trazó una línea entre quienes queremos hacer periodismo y quienes queremos ser hinchas o hacer un periodismo temeroso. Sí es difícil hablar de Guerrero porque todo el mundo pretende que sea un intocable. Pero creo que ese es un problema muy grave. Hay una idea que le hizo mucho daño al país: el roba pero hace obra. ¿Vamos a aplicar eso al fútbol con un “engaña pero hace goles”? No creo que eso sea lo correco. Yo a Guerrero lo aplaudo como jugador. Pero si él incumple sus obligaciones ciudadanas, es doblemente grave, porque la gente le dio el sitial de ídolo. Él está doblemente obligado a tener una conducta correcta.

También está el tema de si Paolo supo que Edwin Oviedo, ex director de la Federación Peruana de Fútbol (FPF), lo utilizó como un ardid para salvarse de la cárcel…
Yo critiqué en su momento el viaje que hizo Oviedo a Suiza, acompañando a Paolo Guerrero para tratar de defenderlo y que participe en el Mundial. Lo critiqué porque viajó un día antes de que tenga que ir a una audiencia de prisión preventiva, que eventual lo llevó a la cárcel. Y las respuestas a mis críticas fueron insultos y hasta amenazas. Como ahora, que me llaman a decir que voy a terminar como Magaly [Medina]. Oviedo, con ese viaje del 21 de mayo del 2018, era un hombre que estaba fugando de la justicia. Por eso yo me pregunto si Paolo sabía o no de la situación.

Fue muy riesgoso también que la FPF interviniera en un caso en el que sabía que no debía intervenir.
Lo que hizo la FPF fue utilizar el prestigio y el sitial que les dio el fútbol para sentirse impune, para sentir que podía hacer lo que le daba la gana porque tenía el respaldo popular. La FPF utilizó esa fachada de prestigio para no cumplir con ninguna regla. La federación tenía prohibido defender a Paolo Guerrero en ese caso [el reglamento de la FIFA dice que el futbolista debe hacerlo por su cuenta], pero Oviedo apareció con un cinismo total a decir que eso no era así. Nos trataban de ignorantes. Y han gastado dinero de la federación para pagarle a un estudio de abogados suizo. Además, Paolo Guerrero no debió permitir que le paguen los abogados, porque ese dinero utiliza le resta pelotas y camisetas a los futbolistas juveniles.

¿Y eso no es objeto de sanción?
Lo es. El problema es que quienes deberían sancionarlo son los señores de la Conmebol, que han demostrado que son parte del mismo juego. Son como el hermano mayor de las federaciones corruptas de Sudamérica. Entonces no controlan. La Conmebol ya debería haber sancionado a Oviedo en junio del 2018. Y tampoco lo ha hecho en el caso de las reventas de entradas que involucra al entonces vicepresidente, y actual presidente de la FPF, Agustín Lozano. No ha habido sancionados.

Lo que pasó en la FIFA, con la caída de Joseph Blatter y otros dirigentes corruptos, parecía un nuevo inicio.
La FIFA es una de las trasnacionales con mayores ingresos del mundo. Y su actual presidente, el señor Gianni Infantino, era parte del equipo de Blatter. Él se presentó como quien iba a reformar el fútbol, pero ese era solo un escudo. El fútbol sigue corrompido. Por eso cuando, ahora que ya logramos el sueño de ir al mundial, deberíamos ser conscientes de que no podremos ir a otro mundial si seguimos protegiendo a la corrupción.

El caso de la reventa de entradas desde la misma FPF es increíble. ¿En qué anda el caso?
La Conmebol conocía este tema desde hace tiempo, pero digamos que lo supo oficialmente a fines de febrero. Desde entonces no ha tomado ninguna medida, pero a que allí están las pruebas. Han dicho que están trabajando en una salida, pero yo no sé si esa salida pueda ser solo la destitución de Lozano de la FPF. Eso debería estar acompañado de una denuncia penal. Es por eso que me pregunto si las fiscalías peruanas, que actualmente están luchando contra la corrupción, van a hacer algo. Yo espero que cumplan con su obligación, ahora que se están dando tan buenos ejemplos. Creo que el desenlace de este caso debe estar entre las medidas que a su pesar va a tomar la Conmebol, y las que deberá tomar la fiscalía.

Fuente: Diario El Comercio

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