El corazón de Alianza Lima quedó lejos de la victoria

Crónica de la semana fatal de los blanquiazules. El antes, durante y después de la derrota final ante Sport Huancayo, y oscuro futuro para una histórica institución agraviada por por dirigentes, cuerpos técnicos y jugadores.

Redacción ONCE
Lima - 29 noviembre 2020

Once meses. Eso demoraron en destruir a Alianza Lima. Hace unas horas, en el estadio Nacional se consumó el descenso del club que tiene 119 años y que pasará su siguiente onomástico, en febrero del 2021, en la segunda división. Alianza, campeón en 2017 y subcampeón en 2018 y 2019 cerró un año de espanto y descendió como si fuese un club pequeño. Se fue en el silencio de las tribunas vacías, con el corazón de sus hinchas dolido y con responsables señalados, sin vueltas, en las últimas semanas.

Tras perder 1-0 con Carlos Mannucci, el miércoles 25 de noviembre, Alianza Lima quedó gravemente herido. Restaba una sola jornada y los íntimos tenían 26 puntos, los mismos que Carlos Stein y un punto más que Atlético Grau. Sin embargo, había una bala en la recámara: ganando se salvaban ya que poseían mejor diferencia de goles que sus rivales por evitar el descenso. Los entrenamientos del jueves 27 y viernes 28 de noviembre fueron una caldera. Nadie le hacía caso al técnico Daniel Ahmed y hubo reproches entre los mismos futbolistas.

Uno de los apuntados es Alberto Rodríguez. El zaguero mundialista con la selección había sido expulsado ante Mannucci (tomó a un rival siendo último hombre) y quedaba al margen del trascendental duelo contra Huancayo. Para sus compañeros, el ‘Mudo’ entró en pánico y se ‘borró’. Otro fue Beto da Silva quien habría discutido con un par de referentes debido a la parsimonia de su comportamiento como si salvar la categoría fuera un asunto de otros y no de él. La cosa fue a peor cuando el plantel pidió que sea ‘Chicho’ Salas quien los dirija y no Ahmed. Desde las oficinas les negaron el pedido y toda relación quedó rota.

Pero si en las mañanas y tardes había tensión, en las noches la cosa empeoraba. Se supo que más de la mitad del equipo no pudo dormir en la concentración. Algunos se desvelaban, otros se refugiaban en los celulares y había quienes prendían el televisor. El departamento de psicología del club fue simplemente un adorno. Los jugadores tenían pánico por lo que se venía. También se conoció que al menos tres jugadores pidieron no ser incluidos en la convocatoria para el partido final. Ya en el encuentro contra Huancayo las cosas se calentaron más.

Momento en que Carlos Ascues falla el penal. Fuente: Gol Perú.

Tras el gol de Marcio Valverde, Carlos Ascues sufrió una dolencia muscular. Ahmed miró a la banca de suplentes y, junto a su comando técnico, decidieron sacar al jugador y reemplazarlo por ‘Beto’ da Silva o Alexi Gómez. Sin embargo, cuando le consultaron cómo se encontraba, el mediocampista ni les contestó. El entrenador no hizo la variante por miedo a que el jugador le haga un desplante y aumente la tensión en el campo. Ascues hizo lo que le dio la gana, continúo en la cancha jugando en una pierna, erró un penal y otra chance clara. Un desastre total. “¿Cómo va a patear el penal si está lesionado?”, dijo molesto ‘Chicho’ Salas desde su asiento. Ahmed estaba pintado. En el partido clave para evitar manchar su historia, Alianza tuvo un entrenador inexistente.

En el segundo gol, obra de Carlos Neumann, toda la banca se quedó perpleja al ver cómo Anthony Rosell, Leao Butrón y Aldair Salazar regalaban el desborde, el centro y el gol al paraguayo. Fue una escena que retrató al Alianza Lima de las últimas semanas, con sus jugadores haciendo todo lo posible para que el equipo sufra. Con el pitazo final de Kevin Ortega, solo se le vio llorar a Carlos Beltrán, mientras los directivos del Fondo Blanquiazul miraban todo desde la tribuna. A la salida del campo y rumbo a camarines, el gerente de marketing del club, Diego Montoya que llevó incluso unos amigos al estadio, empezó a lanzar insultos a los jugadores y el volante Josepmir Ballón contestó: “Tú qué hablas; cállate la boca…”, lanzó el jugador junto a varias lisuras y tuvo que ser contenido por el cuerpo técnico. En el vestuario no todas fueron caras largas. Nadie reprochó, nadie tomó la palabra de manera seria e, incluso, algunos lo primero que hicieron fue prender el celular y hasta sonreír. Habían llevado al descenso a un club con la historia de Alianza Lima y no parecía importarles.

En las afueras del estadio, los hinchas querían explicaciones. Los millones de hinchas en sus casas querían explicaciones, pero nadie salió a hablar. Todo el equipo huyó. Salió escondido en un bus que no era el oficial y resguardado por policías. Los barristas fueron a Matute pero el plantel sabía que esa visita iba a ocurrir y se refugió, desde las 6 de la tarde hasta entrada la noche, en el club de Salvataje de la Policía Nacional del Perú ubicado en Barranco. En ese lugar, todos se cubrieron el escudo del club o se pusieron las chompas y casacas al revés. Luego, salieron para sus domicilios. Huyeron sin honor alguno, sin decir una palabra a los hinchas, sin asumir ninguna responsabilidad.

Jugadores aliancistas llegaron al Club de Salvataje de la PNP.

El plantel ha entrado en vacaciones, pero el infierno no ha hecho más que empezar. Se conoció que esta semana el Fondo Blanquiazul tiene pactadas reuniones presenciales. Allí empezarán a tomar decisiones. Lo primero será aclarar las rencillas entre el plantel y hay una parte del grupo que desea dar un paso al costado y llegar a un acuerdo para recuperar la inversión. Tras ello, varios voces señalaron, que podría llegar el despido de Víctor Hugo Marulanda quien no continuaría en la dirección deportiva. También se filtró que retirarían a la administradora Kattia Bohorquez. Si este hecho se consuma se estaría ante un disfraz por cuanto se trata de una profesional a quien el presidente del Fondo, Diego Gonzales Posada, le quitó todo margen de acción. Su retiro sería una manera innoble de maquillar responsabilidades. En rigor, el Fondo Blanquiazul se dividió internamente por discrepancias y el responsable principal de la debacle corresponde a Gonzales Posada junto  a los miembros que lo respaldaron y gestionaron muy mal diversas situaciones a lo largo de once meses. Este es un tema muy incierto: ¿cómo se resolverán las discrepancias y cómo se asumirán las responsabilidades para encontrar salidas? La pregunta es importante porque el Fondo Blanquiazul no le rinde cuentas a nadie.

Diego Gonzales Posada, presidente del Fondo Blanquiazul no supo manejar el club.

En cuanto a los jugadores, se sabe que Alberto Rodríguez, Leao Butrón, Aldair Salazar, Carlos Ascues, Gonzalo Sánchez y Francisco Duclós no seguirán. Hay algunos, como ‘Beto’ da Silva, Alexi Gómez y Patricio Rubio que tienen contrato hasta finales del 2021. Con ellos se buscará una salida o una reducción muy importante en sus sobrevalorados salarios. Da Silva ya habría dicho a su entorno que buscara rescindir el vínculo porque no jugará en segunda división. Su caso es muy curioso: es un jugador que ha encontrado el secreto de cobrar como jugador en actividad y vivir en la enfermería. Diversas versiones indicaron que hasta el 70 por ciento del plantel será dado de baja.

La elección del entrenador, por ahora, es una incógnita, pero ya empezó a dar vueltas una idea en la cabeza del Fondo Blanquiazul. Después de la descabellada idea de contratar a Daniel Ahmed, un técnico que en varios años no ha demostrado capacidad ni en el trabajo de menores ni en el trabajo en primera división, esta vez parece que asomará alguna sensatez y algunos entienden que Alianza necesita un técnico que sepa manejar la presión en segunda división y uno de los nombres que empezó a asomar es el de José Soto, aunque no hay consenso. Hay quienes en el Fondo Blanquiazul desean un estratega extranjero pero que no sea muy costoso. La tesis de lo bueno, bonito y barato en lugar de pensar que la prioridad es armar un plantel con un técnico capaces de hacer que Alianza Lima retorne de inmediato.

El otro problema es que el presupuesto con el que se arrancará en la Liga2 será muy corto. Los equipos de la Liga 2 no tienen la misma cotización y ese será otro problema que Alianza deberá resolver. Además, tendrán que afrontar el pago de la deuda del club con sus acreedores sin tener ingresos importantes más aún cuando estarán dos años sin dinero de competencias internacionales.

Así está Alianza Lima. En el infierno. Un destino al que llevaron quienes decían amar al club y solo necesitaron once meses para agraviar una historia con 119 años de vigencia.

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