El silbato de Bascuñán no debe esconder los temas de fondo

Más allá del factor del mal arbitraje, el seleccionado nacional pagó el costo de varios errores y lo que pudo ser un triunfal estreno en eliminatorias se convirtió en un caudal de protestas. Hay ilusión pero también muchos errores.

Umberto Jara
Lima - 18 octubre 2020

En lo que va de este siglo, se ha instalado el lamentable pensamiento binario, ese que solo tiene dos elementos opuestos y olvida de que la inteligencia está en los matices. En este tiempo se razona así: blanco o negro; a favor o en contra; culpable o inocente. Por eso tras la derrota ante Brasil por 2-4, la destrozada ilusión del victorioso 2-1 que se esfumó, ha llevado a buscar un único responsable en el árbitro Julio Bascuñán, cuya actuación, es cierto, fue pésima acompañado de un VAR cómplice. Sin embargo, envuelto el país en las pasión desatada, son muy pocos los que se detienen a pensar en todo lo que ofreció el partido. Hay preguntas que necesitan de una serena pausa. ¿Los errores fueron solo de Bascuñán? ¿No aprovechó un mal árbitro algunas falencias del elenco nacional? Lo importante es fijarse en los problemas nuestros porque en las fechas siguientes juega Perú y no juega Bascuñán.

Los errores propios convirtieron seis puntos en uno

Perú vs. Brasil.

Si uno revisa los 97 minutos de juego con cabeza fría y realismo, encuentra una conclusión: más allá de Bascuñán, Perú perdió por sus propios errores. El penal cometido por Yotún con un jalón de camiseta a Neymar, fue una acción innecesaria y, más aún, no tuvo en cuenta que Neymar es un clown que ha merecido cataratas de memes por simulación. Existiendo el riesgo de que un árbitro compre la simulación ¿para qué cometer esa falta?

El segundo gol de Brasil se produce por una mala salida de Gallese. El excelente arquero peruano tuvo un solo error y costó un gol. Hay que volver a trabajar en el tema de las pelotas paradas que volvió a aparecer para Gallese y para toda la oncena.   

Perú vs. Brasil.

El tercer gol surgió de un penal de Zambrano. ¿Cobro discutible? Sí. ¿Tal vez no fue penal? Es probable. Lo concreto es que las cámaras muestran que Zambrano eligió ir al contacto con Neymar y no rechazar la pelota. Hizo lo mismo en la final de la Copa América 2019 cuando se llevó de encuentro al brasileño Everton y el árbitro Roberto Tobar le explicó al periodista Diego Rebagliati que cobró penal porque “Zambrano se desentiende de la pelota con exceso de fuerza en el hombro con hombro sin el balón en disputa”. Si un defensa busca siempre el contacto físico en zona de riesgo le está entregando un “regalo” a un árbitro como Bascuñán que estaba decidido a complicar.

Paraguay vs. Perú

El primer gol fue un error reiterado e infantil de Advíncula: estar desatento y quedarse enganchado en la salida para habilitar al rival. No es la primera vez. Por eso teniendo las cualidades que tiene, Advíncula no va a un equipo grande europeo porque carece de un requisito obligatorio en el fútbol moderno: la lectura táctica de un partido.

El segundo gol paraguayo fue producto de tres errores en una sola jugada: 1) Tapia que no echó al córner un centro perdido; nadie salió a apretar al que recibió la pelota perdida; y cuando cae el balón vuelve a caer en el centro del área, Advíncula decide no saltar sino fingir una falta. En la Sub-17 se aceptan estos errores. En las Eliminatorias malogran la excelente actuación que tuvo el seleccionado nacional.

Advíncula debe entender que los errores en el área son fatales.

Cinco errores que terminaron en cinco goles en contra. Cinco goles que no fueron producto de las virtudes del rival sino de los descuidos propios. Perú jugó dos partidos notables y no es una exageración afirmar que tenía seis puntos en el bolsillo y terminó con uno.

Zambrano, una bomba de tiempo

En términos médicos, el zaguero es equivalente a un Accidente Cerebro Vascular (ACV): su mente funciona adecuadamente en la cancha hasta que de pronto estalla una arteria y pasa a un estado de inconsciencia y termina en los vestuarios antes de tiempo.

En la posición en que juega es un riesgo latente. En ONCE admitimos a favor suyo la jugada que protagonizó con Almirón pero, vista la reiterancia de Zambrano, el codazo infligido al delantero paraguayo fue una agresión. Dos codazos de expulsión en dos partidos seguidos hablan de alguien que, a los 31 años, no va a modificar esa conducta tanto así que el propio jugador refrendó su mal accionar porque en lugar a llamarse a silencio se fue a un programa televisivo a justificar y a sostener de manera absurda que no propinó un codazo al brasileño Richarlison.

Zambrano y su falta de estabilidad emocional.

Si nos guiamos por el estilo del técnico Ricardo Gareca, la puntual y escueta crítica que expuso en la conferencia de prensa al referirse a la expulsión de Zambrano, permite pensar que el central empieza a despedirse de la selección. Si su reemplazante da la talla, el equipo tendrá la buena noticia de que, en adelante, no estarán expuestos a la bomba de tiempo de Zambrano.

Un equipo sin un líder

No existe nadie que esté supliendo el rol de liderazgo en la cancha que tenía Paolo Guerrero. En la jugada en que Trauco sufrió la rotura de una ceja, el capitán Farfán no reclamó, tampoco lo hicieron otros. Situaciones como esa le dan carta libre a un árbitro que sabe que nadie lo va a incomodar si comete errores. Si el criterio para nombrar capitán es la edad se está cometiendo un error. Ni Advíncula, en Asunción, ni Farfán en Lima, cumplen con esa función.

Junto a la ausencia de liderazgo, se suma la ingenuidad: el seleccionado nacional no tiene idea alguna de cortar el juego en momentos claves. Tras el segundo gol que nos puso adelante en el marcador se siguió jugando igual en lugar de cortar el juego. El reloj jugaba en contra de Brasil y Perú no se dio cuenta. Es una tarea pendiente la de enseñarles a estos jugadores, que ya tienen un mundial encima, que es tiempo de darse cuenta de que la ingenuidad es una pésima compañía en un torneo tan duro como las eliminatorias.

Gareca es humano

Nadie puede cometer la insensatez de discutir la inmensa capacidad y talento de Ricardo Gareca, un técnico capaz de la proeza de convertir en protagonista a un plantel sin estrellas y sin recambios. Lo suyo es algo cercano a la magia y habla de su enorme conocimiento de los secretos resortes del fútbol. Si hubiese sido escritor habría sido capaz de convertir una historia banal en una gran novela.

Junto a esas virtudes existen detalles a los que debería darle atención. Sigue siendo reacio a los cambios oportunos. Contra Brasil tenía a Farfán cansado desde, por lo menos, el minuto 60 y recién lo sustituyó a los 95 cuando médicamente no estaba para un partido completo. Su primer cambio no fue voluntario sino obligado por la expulsión de Zambrano que dio lugar al ingreso de Araujo a los 90 minutos. El ingreso de Polo a los 95, a dos minutos del final, no tuvo ningún sentido.

Ricardo Gareca.

Lo sorprendente es que desde el banco peruano no se haya tomado en cuenta que Brasil hizo tres cambios en el minuto 69 para refrescar sus líneas. Perú siguió jugando igual y dejó flotando esta pregunta: ¿no habría sido oportuno poner jugadores frescos y con marca luego del 2-1? Es obvio que es un argumento desde la insolencia periodística tan lejana de la tensión y mirada insustituible del técnico durante el partido, pero quizá se deba tener en cuenta que hay que aprender a jugar “contaminando” los partidos cuando estamos con el marcador a favor.

El tema Cueva, que ingresó lesionado a los 90 minutos, lleva a una pregunta ¿se trata de un jugador fetiche, un amuleto, una cábala para Gareca? Es un jugador indisciplinado, despedido de varios clubes y que, en su mejor momento, no calificó más allá de un 7 sobre 10 y, sin embargo, ingresa a jugar incluso sin estar en condiciones físicas. Desde fuera la mirada es que Cueva no es necesario como si lo es el Orejas Flores. ¿No será momento de que Gareca, el creador de jugadores, apueste por alguno de los nuevos? ¿Ahora que está alineando un mediocampo flexible y con más marca, Sergio Peña acaso funcione mejor que Cueva? Si necesita un hombre por izquierda ¿no está claro que Flores es superior a Cueva? ¿Por qué insistir tanto con Cueva?

Más allá de estas acotaciones, la inteligencia de Gareca para plantarle cara a Brasil encierra toda una lección de sapiencia futbolística. El Casemiro del Real Madrid no existió, al Coutinho del Barcelona nadie lo vio y al adelantar las líneas descolocó a un Brasil que anotó tres goles no por virtudes sino por errores peruanos. Si hubiese tenido solamente tres cracks de la generación del 78-82, ¡lo que habría hecho El Tigre¡

Lo que debe destacarse es que Perú tiene un equipo. Un equipo que funciona bien. Es cierto que es un plantel al que no le sobra nada, pero con esa modestia de recursos tiene la virtud de funcionar en conjunto. Hoy Perú está para la esperanza. Cuando corrija sus errores llegarán los puntos, con buenos o malos árbitros. En el fútbol lo mejor es depender de uno mismo.

/ MÁS INFORMACIÓN
Ver nota completa

¿Cómo ven el VAR en el mundo?

Ver nota completa

Chechelev, el hermano de Bascuñán