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Entre virtudes y errores, un Perú que ilusiona

Dos goles de visitante, dos errores de la defensa. Eran tres puntos, pero el empate suma en un torneo donde cada punto vale oro.

Umberto Jara
Lima - 9 octubre 2020

Eran tres puntos. Se esfumaron dos por dos errores defensivos. Sumamos uno por dos aciertos en ofensiva. El balance es de un gran inicio porque se arranca sumando de visita, sin tiempo de preparación, con jugadores con una larga paralización y con todos los inconvenientes e incertidumbres de estos tiempos en pandemia.

El fútbol es definido por muchos como un juego basado en los errores. Los triunfos provienen de saber capitalizar los errores del rival. Las derrotas tienen el mismo origen: los errores que se facturan y se pagan. Se pudo ver nítidamente en el Defensores del Chaco. Logramos superar un primer tiempo en el que Paraguay jugó como juega un discípulo de Bielsa. El DT Eduardo Berizzo ordenó presión alta y sostenida, presión para quitar la pelota al rival, presión para ahogarlo, presión para impedirle construir su juego. La estrategia, al final de la primera parte, le funcionó de manera inapelable: 63 por ciento de posesión para Paraguay y apenas 37 por ciento para el elenco nacional.

Ningún equipo despojado del balón puede construir juego de modo que el cero a cero del inicio fue una ventaja para Perú. Una extraordinaria ventaja si se tiene en cuenta la generosidad del árbitro Néstor Pitana que no expulsó a Carlos Zambrano por el torpe, innecesario y brutal golpe aplicado al paraguayo Almirón. El central peruano es un magnífico defensa con un gran oficio para su posición pero suele asomarle el muchacho del barrio Gambetta y puede echar todo a perder.

Falta de Carlos Zambrano en contra de Almirón. Pudo ser expulsado.

Los quince minutos de descanso son los minutos de la sabiduría cuando se tiene un técnico como Ricardo Gareca. En esos minutos, fue capaz de convertir en un equipo a los diez muchachos que habían visto pasar la pelota de un lado a otro, con la única excepción del Gallese, cada día mejor arquero. Presenciar esos minutos debe ser algo excepcional: conocer la sapiencia de alguien que sabe entender lo que los demás solo alcanzamos a ver.

En el vestuario se quedó el equipo del primer tiempo y salió a jugar el equipo de Gareca. Hubo otro orden, se empezó a recuperar el balón, se empezó a marcar y tocar y a pensar en el arco de enfrente. Y allí es donde apareció aquello de que el fútbol es un juego basado en los errores. Tras el primer gol de Carrillo restaban 38 minutos de partido y el equipo paraguayo no tenía muchas luces para remontar ese gol. Los tres puntos estaban ya con mascarilla y asiento en el chárter de retorno. Pero apareció Advíncula. Otra vez con el error infantil. Toda la defensa dio los pasos necesarios para generar el off-side menos él —bastaba dar un paso, uno solo—, habilitó al delantero Romero y, además, se dejó ganar el espacio porque el paraguayo apareció detrás de él.

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Como venía el partido ese uno a uno pasó a tener el sabor a dos puntos perdidos y no a uno ganado. Hasta que asomó nuevamente aquello de que los errores son los goles del contrario. Esta vez fue doble equívoco. Primero Tapia que no mandó al córner un centro defectuoso del rival y le dio vida a una pelota inútil que permitió el centro y esta vez a Advíncula se le ocurrió no saltar justo donde siempre hay que saltar cuando viene un centro: el área. Gol. Y cero puntos.

Lo de Advíncula es reiterativo y tiene un origen: no aprendió los fundamentos tácticos de juvenil. No es culpa suya porque en el Perú nuestros futbolistas juegan sin que nadie les enseñe esos fundamentos desde jóvenes. En Europa, donde juega Advíncula, tampoco hay quien le enseñe porque en la primera división europea nadie enseña los fundamentos tácticos porque se supone que el futbolista profesional llega sabiendo ese tema. Los dos errores del lateral surgen de su atención. No siguió ninguna de las dos jugadas, no leyó lo que podía ocurrir y se esfumaron dos puntos valiosos.

Advincula, dos errores y mucho por mejorar.

Lo de Tapia parece transcurrir por otro lugar. El 10 de noviembre de 2016 en ese mismo estadio y ante ese mismo rival la noche del 1-4 a favor de Perú cometió un error de inexperto que costó el o-1, luego remontado. Esta vez, cuatro años después, tontamente

no mandó al córner una pelota que flotaba lejos de un atacante paraguayo. Cuatro años un error de inexperto. Cuatro años después ¿un error de autosuficiente?

Fue una virtud la que nos dio el empate. Algo que se logró construir en el ciclo Gareca: la fortaleza mental, el temperamento distinto. Antes los seleccionados peruanos no remontaban ningún partido. El 2-1 después de ir ganando 1-0 era el fin. Cabeza gacha esperando el pitazo final. Eso cambió y se mantiene. No se bajaron los brazos, se siguió en la batalla, se logró el empate y se aguantó un descuento de siete minutos. Se jugó como se debe jugar una Eliminatoria: a sumar puntos en cada partido.

Si algo ilusiona es que antes agradecíamos sumar un punto de visita. Ahora lamentamos los dos puntos que se quedaron y eran nuestros. Significa algo importante: Perú con un plantel escaso, sin grandes figuras, es protagonista. El fútbol, a veces, es de las estrellas pero siempre es, primero, de un equipo. Y este primer punto de visita en medio de la pandemia, es el punto valioso de un equipo. El equipo de Gareca. El equipo nuestro.

Resumen Paraguay 2 Perú 2 cortesía: Tigo Sports

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