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Juan Cominges, ¿el coach político de la selección?

Horas antes del encuentro ante Chile, Juan Cominges, coach ontológico de la selección, convocó a los jugadores para una reunión política que generó malestar. ONCE presenta un informe exclusivo.

Umberto Jara
Lima - 19 noviembre 2020

Esta es una historia que requiere de una previa y nítida precisión. La opinión política de todo deportista es un derecho que pertenece a su condición de ciudadano y, en ese ámbito, tiene absoluta libertad de expresarla. Cuando un futbolista pasa a integrar una selección asume la representación de un país. Por esa razón, se suele decir que el seleccionado es el equipo de todos. En ese sentido, este informe de ONCE no cuestiona para nada el derecho de nuestros futbolistas a emitir, de manera personal, sus opiniones sea cual fuese la índole de ellas.

Dicho lo anterior vayamos al tema que generó un problema al interior de la selección peruana en las horas previas al partido que se perdió ante Chile.

En los días previos al partido que se jugó en Santiago el día 13 de noviembre ante el seleccionado de Chile, algunos jugadores emitieron desde sus cuentas de Instagram mensajes de apoyo a las marchas que legiones de jóvenes protagonizaban en las calles. Fueron mensajes desde las cuentas personales de los futbolistas en redes sociales y expresaban así su legítima y respetable opinión ciudadana que, además, estaba en consonancia con el sentir masivo del país.

Mensaje de Tapia en su cuenta personal de Instagram.

Sin embargo, el tema político empezó a generar cierto malestar en la interna del seleccionado peruano. En los días previos al viaje a Santiago, empezó a tener protagonismo en la intimidad de la concentración Juan Cominges. Se trata de un ex futbolista que, de pronto apareció en La Videna, en junio de 2019, portando un título bastante curioso Coach Ontológico y fue ubicado al lado del psicólogo Giacomo Scerpella. Éste último, se suponía debía asumir la tarea dejada por el psicólogo deportivo Marcelo Márquez —de impecable gestión en la tarea de cambio de mentalidad del equipo peruano en la anterior eliminatoria Rusia 2018—. En los hechos, según más de una versión, Scerpella se ha dejado avasallar por Cominges, quien tomó protagonismo central en esa área.

Con esa influencia, Cominges, en lugar de preservar la tranquilidad de los seleccionados para la difícil visita a Chile, empezó a plantear asuntos políticos basados específicamente en una posición de izquierda y buscando convencer a los jugadores para que tengan manifestaciones políticas. Con el transcurso de los días, Cominges fue avanzando en ese afán, a pesar de la oposición de la mayoría de seleccionados que solo querían pensar en su obligación principal: concentrarse en los complicados partidos ante Chile y Argentina. Esa incomodidad fue creciendo porque no existe discusión política que pueda generar un pleno consenso, hasta que la situación estalló en el hotel Intercontinental de Santiago el 12 de noviembre, un día antes del partido contra los chilenos.

Cominges en una placa sobre la posesión del Banco Nacional de Cuba por el Che Guevara.

ONCE confirmó con dos integrantes del seleccionado que Juan Cominges reunió a los jugadores y les planteó que, al día siguiente, en el Estadio Nacional de Santiago, antes o después de entonar el himno nacional debían dar una manifestación conjunta y pública sobre el problema político que afectaba al país. La opción que propuso fue la de llevar un crespón negro e hincarse en el césped. La mayoría de jugadores rechazó esta propuesta pero Cominges insistió en su postura y tuvo a los jugadores durante una hora discutiendo un tema absolutamente ajeno al fútbol y, peor aún, a pocas horas del encuentro de visita en Chile donde era necesario sumar puntos.

En la reunión también estuvo presente el psicólogo Giacomo Scerpella —responsable de la tranquilidad emocional de los jugadores— quien se mostró pasivo dejando que Cominges maneje la reunión.

El malestar en la interna de la selección se agudizó cuando a la mañana siguiente, 13 de noviembre, día del encuentro, un twitter lanzado por un incompetente periodista que, sin estar enterado de que las normas FIFA sancionan las expresiones políticas en los campos de juego, difundió muy entusiasta lo que él creía una primicia: “De buenísima fuente, la selección peruana evalúa una manifestación de solidaridad y respaldo a la población esta noche en el partido con Chile. Más detalles en breve”. Entonces, dos de los futbolistas fastidiados por las presiones de Cominges le comentaron el asunto a un hombre de suma confianza de Gareca, el preparador físico del seleccionado, Néstor Bonillo.

Ricardo Gareca y Néstor Bonillo, gestores de un trabajo serio en el rubro deportivo.

De inmediato, los responsables de la selección llamaron a Cominges y le indicaron que dejase de lado sus acciones y le recordaron que estaba exponiendo al Perú a sanciones porque el artículo 60 del Reglamento FIFA sobre seguridad en los estadios señala que “Se prohíbe terminantemente la promoción o el anuncio por cualquier medio de mensajes políticos o religiosos o cualquier otro acto político o religioso en el estadio o sus inmediaciones antes, durante y después de los partidos”.

Cominges conversando con Carrillo y Cueva.

¿Por qué Juan Cominges actuó de esa manera? La explicación radica en que se trata de una persona que no sabe distinguir los límites entre la política y el trabajo específico que tiene en el fútbol. Se trata de un apasionado seguidor, por confesión propia, de Fidel Castro y el Che Guevara. (Ver informe https://once.pe/el-perfil-politico-de-juan-cominges/).

El objetivo de Cominges fue darle una utilización política al seleccionado peruano tratando de utilizar como portadores de mensajes a los jugadores peruanos. Su incorrecto comportamiento en el ejercicio de su trabajo constituye, desde el ámbito laboral, una falta grave.

En cuanto a las reglas que deben primar al interior de una selección o de cualquier equipo profesional que se considere serio, Cominges ha roto más de una.

En efecto, se entiende que las reuniones que Cominges y Scerpella tienen con los jugadores están dirigidas a trabajar en el ámbito motivacional. Dichas reuniones, se realizan sin la presencia de los miembros del Comando Técnico. Es una práctica usual en todos los equipos del mundo porque se entiende que los psicólogos —Cominges no lo es, pero sí Scerpella— desarrollan esa función en un ámbito de relación personal con los futbolistas. Se entiende también que el Comando Técnico ya sea de una selección o de un equipo profesional, le conceden a su departamento psicológico esa confianza de no estar presentes porque van a trabajar para reforzar el espíritu, la idea, el alma que el director técnico quiere inculcar a su equipo. Se parte de la idea del entrenador y tiene que trabajarse sobre el sello del entrenador; en consecuencia, los encargados de la tarea motivacional tienen que respetar esa confianza y no traicionarla. Cominges hizo exactamente lo contrario.

Cominges trató de imponer la política antes que el fútbol. Foto: La República.

En efecto, Ricardo Gareca nunca estuvo enterado del contenido de la reunión política que Cominges armó por su cuenta y riesgo en el hotel Intercontinental pretendiendo que el seleccionado peruano tome una posición política ante millones de espectadores atentos al inicio del partido Chile vs. Perú. Tampoco informó a Gareca que había incurrido en un error al constatar que su postura había generado el malestar de la mayoría de jugadores.

La prueba de que Ricardo Gareca conoce perfectamente su función como director técnico y que respeta su tarea de guiar a una selección que representa a un país, ocurrió con su nítida respuesta en la conferencia de prensa que brindó el lunes 16 antes del partido con Argentina. Esto fue lo que dijo el técnico nacional:

“Mire, nosotros no queremos cargar con todo esto. Los jugadores de fútbol son jugadores de fútbol y no son responsables de nada de lo que está ocurriendo. Ninguno de nosotros. (…) Somos responsables de este presente, de este momento, y de darlo todo en la cancha, pero no somos responsables de todo el acontecimiento político que está viviendo el país. Nosotros lo que queremos  hacer por sobre todas las cosas, es darle alegría a la gente, es lograr objetivos. Trabajamos para ello, jugamos para ello, y hacemos lo humanamente posible. Pero no nos involucren en una cuestión en la que no tenemos absolutamente  nada que ver. Sí nos solidarizamos, sí estamos de lado del pueblo y queremos que al pueblo le vaya de la mejor manera, pero no nos hacemos cargo de un hecho político en el que no tenemos absolutamente nada que ver”.

Aquí el video con la declaración de Ricardo Gareca:

En el balance final asoma un problema de fondo: Perú ha perdido la fortaleza mental que tenía y la actitud y temperamento que mostró en la Eliminatoria Rusia 2018. En el partido Chile 2 –Perú 0, el país pudo ver, con sorpresa, a futbolistas con una actitud pasiva y apagada. Y ante Argentina fue un elenco sin mayor convicción. Rasgos muy ajenos al equipo que solía dejar todo en la cancha, sea en la victoria o en la derrota. Los partidos de eliminatorias generan en los jugadores un nivel de estrés emocional muy alto por todas las implicancias y situaciones que se tienen que afrontar. Por lo tanto, una de las tareas que requiere mayor cuidado se encuentra en manos de quienes deben trabajar en el rubro emocional. En el proceso a Rusia 2018, fue el psicólogo deportivo Marcelo Márquez quien hizo un trabajo impecable. Para Qatar 2022 Márquez fue retirado —nadie sabe cómo ni por qué— y ese lugar fue ocupado por Cominges cuyas cualidades y formación están muy lejos de la psicología deportiva y, en cambio, sus intereses personales están demasiado enfocados en la política.

Entre las inevitables medidas y cambio de rumbo que deben efectuarse tras el peor inicio en eliminatorias en la historia, queda claro que el Coach Ontológico Juan Cominges no tiene lugar en la selección peruana y no exclusivamente por el problema de índole política que generó sino sobre todo porque en el ámbito de la fortaleza anímica no existen resultados.

Revise el lector en esta edición el informe sobre el perfil político de Cominges y hallará que él es, por decisión personalísima, un activista político y como tal tiene otros escenarios ajenos al fútbol. Su salida debería significar la posibilidad del retorno del psicólogo deportivo Marcelo Márquez o, en su defecto, la llegada de un profesional especializado que contribuya a recuperar la mentalidad y la actitud en la cancha que fue esencial en el camino a Rusia 2018.

Estamos a tiempo. Más aún, en los necesarios e inevitables ajustes que se deberán efectuar tras este arranque de las Eliminatorias Qatar 2022 que es el peor arranque en la historia.

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