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La conquista de Messi que celebró el Maracaná

En el 2014 fue el escenario de su mayor derrota al perder el título mundial. Siete años después en el mismo estadio y ante el dueño de casa, recibió aplausos al ganar la Copa América.

Messi y Neymar, tras disputar la final de la Copa América.RICARDO MORAES / REUTERS
Ramon Besa
Barcelona - 11 julio 2021

Argentina tomó Maracaná y Messi pudo levantar por fin la Copa América. Ya tiene el rosarino un título con la Albiceleste después de una final muy trabada y trampeada, a ratos incluso salvaje, imposible para la pusilánime Brasil. La Canarinha pasó de puntillas por el partido, espantada por la competitividad argentina y sorprendida por la complicidad de algunos de sus hinchas con Messi y Argentina. A veces pareció que a Brasil no le importaba que ganara la Albiceleste. El partido pareció diseñado para el éxito de la selección de Messi. El suyo fue en cualquier caso un triunfo justo y de mérito porque puso más interés y consiguió que no pasara nada en el encuentro desde que marcó Di María.

Messi levanta la Copa América, es su primer título con la Albiceleste

Asegura la leyenda que Argentina nunca perdió cuando marcó Di María. El equipo defendió de forma gremial y pasional el gol hasta cantar una victoria que no se daba desde 1993. Messi se había cansado ya de perder finales, hasta cuatro veces derrotado, una muy dolorosa precisamente en Maracaná cuando perdió la final de la Copa del Mundo de 2014 contra Alemania. El 10 no jugó ni bien ni mal sino que pareció que se había preparado solo para levantar la Copa. El fin justificaba los medios después de que ya ningún argentino dudara de su vínculo con la Albiceleste. Messi dejó de ser un pecho frío y también el jugador que le debía un trofeo a Argentina para ser un templario más de Scaloni.

Jugó Argentina muy al límite, como si le fuera la vida en cada balón dividido, consciente de que estaba ante el partido tanto tiempo esperado y trabajado con la capitanía de Messi, mucho más metida que Brasil, espectadora en Maracaná. Otamendi pegó sin parar hasta marcar la línea, De Paul gobernó, Messi estiró cuando pudo al equipo y Di María desequilibró desde el costado mal defendido por Lodi. La agresividad mezclaba con la verticalidad como se advirtió en el gol del hábil Di María: De Paul profundizó con un pase cruzado y orientado para Di María, falló Lodi y el exjugador del Madrid controló la pelota de forma precisa y la picó con la zurda sobre la media salida de Ederson.

La indefinición de Brasil, siempre a mitad de camino, sin saber si defender o atacar, contrastaba con la valentía de la Albiceleste. Scaloni supo cómo tapar la línea de pase de la Canarinha y desconectar a Neymar de Paquetá. Neymar vagabundeaba por la cancha con el calzón roto, sorteando patadas, mientras Messi dosificaba sus esfuerzos, afilado en la transición, consciente de que podía sellar la victoria en una contra después del gol de Di María. Muy lenta y sin profundidad, la Canarinha solo despertó cuando Tite empezó a mover el banquillo y a ratos se iluminó Neymar. Aunque no reculó descaradamente, Argentina tuvo que achicar y encomendar su éxito a Dibu Martínez.

Luego del abrazo Neymar publicó “Odio perder, pero disfrutá tu título, el fútbol te estaba esperando para ese momento”.

La mejor ocasión la tuvo sin embargo Messi, al igual que ya pasó en el primer tiempo, después de un pase prodigioso de De Paul, el jugador de la final, caudillo de la Albiceleste. El rosarino se venció en el momento del tiro, se acostó cuando pretendía recortar, desfondado por el esfuerzo, nervioso porque acariciaba la soñada Copa el año que murió Maradona. Aunque no estuvo fino en el último partido, al igual que ya pasó en la final del Mundial 2014, Messi fue manteado por sus compañeros, líder indiscutible del equipo durante el torneo, cómodo dentro y fuera de la cancha por el entorno que se ha generado a su alrededor en la Albiceleste. Messi no paró de saltar de alegría y no paró de llorar Neymar.

Nunca había perdido Neymar en Maracaná ni Messi había ganado una Copa con Argentina desde su debut frustrado -fue expulsado a los 43 segundos- en agosto de 2005 en Hungría. Ambos se fundieron en un largo abrazo como epílogo a una final que permitirá al liberado Messi negociar tranquilamente su futuro después de que su contrato con el Barça acabara el 30 de junio. Messi no abandonó la cancha hasta que no se hubo abrazado con el último aficionado de Maracaná. A todo el mundo le pareció que Messi se merecía poder levantar por fin a sus 34 años una Copa con la Albiceleste después de triunfar en el Barcelona. El 10 corona su carrera única como mejor jugador del mundo con su Maracanazo.

Tomado de El País

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