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La necesaria vigencia del proceso Gareca

Se necesita entender la necesidad del retorno a los orígenes. Por vez primera Gareca se enojó con los jugadores y éstos tienen la obligación de volver a la humildad y el trabajo.

Umberto Jara
Lima - 22 noviembre 2020

Para evitar que la memoria corta haga de las suyas, hay que remontarse al jueves 5 de febrero de 2015 cuando sentado en una mesa del hotel Sheraton de Buenos Aires, Juan Carlos Oblitas convenció a Ricardo Gareca para que asuma como director técnico de la selección peruana. En esa reunión acordaron dos objetivos principales: trabajar en la autoestima del futbolista peruano para cambiar la mentalidad perdedora y ampliar el universo de jugadores que, en ese tiempo, se limitaba a “los cuatro fantásticos” como figuras excluyentes. Los dos objetivos se cumplieron porque ambos personajes unieron esfuerzos y conformaron equipos de colaboradores capaces de trabajar con solidez a punto tal que se logró la clasificación al Mundial Rusia 2018.

En el inicio de estas Eliminatorias Qatar 2022, el equipo peruano ha tenido una involución que lo ha colocado en el sótano de la tabla. No es un asunto atribuible a Ricardo Gareca y a su comando técnico. Si vemos puntualmente momentos de cada partido se podrán hallar algunos errores del técnico pero son situaciones propias de todo trabajo. En lo que no hay duda alguna es en la capacidad y talento de Gareca como el conductor de la selección nacional. Tiene una capacidad especial para lograr hacer mucho con escasos recursos y ese es un talento inmenso que se debe respaldar y proteger.

Juan Carlos Oblitas y Ricardo Gareca.

El mal arranque en estas eliminatorias, es un asunto que pasa por los jugadores. Y afirmamos esto porque varios de ellos lo saben y lo reconocen en privado. Y otros necesitan bajar de la ficticia nube a la que se han trepado sintiéndose grandes figuras cuando no lo son. Una frase que ha recorrido la interna de la selección en estos días es la que tiene que primar y convertirse en una especie de luz en la oscuridad: “Hay que volver a los orígenes”.

Significa que los jugadores deben entender que, desde el lado individual, son futbolistas de talento menor. Con excepción de Paolo Guerrero y Jefferson Farfán, ninguno de ellos tiene una trayectoria de grandes éxitos ni grandes clubes. Si lograron asistir a un mundial fue porque aceptaron trabajar desde la humildad como un grupo homogéneo. Y fue el trabajo de Ricardo Gareca y su comando técnico y sus colaboradores el que les enseñó a dar lo mejor de ellos. Fue ese trabajo el que les enseñó que, uniendo pequeños talentos, se podía formar un conjunto, un colectivo, un equipo donde el esfuerzo de cada quien permita avanzar con modestia pero con sacrificio, coraje y entrega.

Si algo debiera quedar claro es que esa ruta la debe continuar Gareca porque, junto a sus capacidades como técnico, tiene una virtud escasa en el mundo de los entrenadores: sabe hacer jugar en equipo a futbolistas que no tienen grandes condiciones. Se suele afirmar que en cada aficionado al fútbol existe un potencial director técnico. Entonces, haga usted el ejercicio y siéntese en el banco del DT, mire la lista de la selección y sea sincero: debe ser aterrador pensar que enfrente está Neymar y usted tiene a Cueva o ver enfrente a Casemiro y usted tiene a Tapia.

Ese es el gran talento de Gareca. Con esos jugadores logra ir a un mundial o se convierte en sub-campeón de la Copa América 2019. Un técnico que asombrosamente convierte en protagonistas a jugadores que actúan en equipos menores, a jugadores que han ido a un mundial pero no consiguieron grandes contratos. Con ese material logra protagonismo.

Con arduo trabajo Gareca nos llevó al mundial.

¿Qué ha pasado esta vez? Que esos jugadores han perdido humildad. Se fijan en el look, están pensando y hablando del tinte en el pelo, se visten con extravagancia y tienen Comunity Manager para sus redes sociales. La popularidad y el dinero les ha quitado los pies de la tierra. Necesitan descender de esa nube ficticia y sobre todo tienen que entender que tienen una deuda: le deben gratitud al técnico que los llevó a un lugar al que no habrían llegado por sí mismos.

El partido con Argentina dejó malas sensaciones. Jugadores que no atendían las indicaciones de su maestro hasta llegar a un gesto irrespetuoso de Yoshimar Yotún que sorprendió a muchos y que terminó por cargar el ánimo del técnico que decidió sentarse en el banco mascullando su malestar por un equipo que jugaba a cualquier cosas menos a lo que se les había indicado.

Lo primero que se debe exigir es que los jugadores reflexionen. Que la premisa principal es Volver a los orígenes. Y desde esa humildad empezar a trabajar nuevamente como si estuviéramos en el 2015 cuando nadie apostaba nada por Perú y terminamos asombrando a los rivales desde la humildad, la valentía y el solidario trabajo en equipo.

El proceso debe continuar y tras el cachetazo de este arranque eliminatorio, urge empezar a trabajar como antes bajo el mando del gran piloto de tormentas llamado Ricardo Gareca.

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