La Nueva Videna, el abandono de un proyecto necesario

En 2017 se hizo el anuncio. Las selecciones peruanas de fútbol tendrían un gran complejo para desarrollar sus trabajos. Dos corruptos presidentes de la FPF sepultaron el proyecto.

Redacción ONCE
Lima - 13 diciembre 2020

La historia de La Nueva Videna de Chaclacayo empezó en la gestión de Edwin Oviedo. Y desde su inicio tuvo oscuridades. La primera de ellas fue su ubicación en Chaclacayo, un lugar de difícil acceso por el denso tráfico de la Carretera Central. Luego, se sumaron los cuestionamientos al acuerdo con el Arzobispado de Lima que tenía evidentes ventajas económicas a costa del presupuesto del futbol peruano manejado desde la FPF.

Un proyecto que el fútbol peruano necesita fue hundido en dos gestiones corruptas. Primero, la de Edwin Oviedo y luego su sucesor Agustín Lozano. Hoy, la anunciada Nueva Videna de Chaclacayo está abandonada y la inversión que se realizó fue dinero tirado al agua. Y el efecto es tremendo porque la selección mayor y las selecciones juveniles carecen de un lugar adecuado para sus entrenamientos, lo cual se traduce en un dato indeseable: no se puede trabajar para formar nuevas figuras.

Aquí un fragmento de esa historia contenida en el libro Así nos robaron.

 “Existe una carta que tiene fecha 14 de agosto del 2017 dirigida por Edwin Oviedo en su condición de presidente de la FPF al “excelentísimo cardenal, Juan Luis Cipriani Thorne, arzobispo de Lima y primado del Perú”. En ella se le remite a Cipriani la propuesta de la FPF para que le cedan en uso —no en propiedad— una amplia sección del predio en el cual funciona, desde 1961, la Casa de Retiro Cardenal Cushing. Es decir, el proyecto de la nueva Videna tendría que edificarse no en un terreno libre sino al lado de unas instalaciones en las cuales se celebran actividades eclesiásticas.

La carta remitida por la FPF al entonces cardenal Cipriani contiene este párrafo de súplica antes que de negociación: “Es así que rogamos a su digna excelencia tenga a bien considerar la siguiente propuesta para que nuestra FPF pueda invertir en una parte que no viene siendo utilizada a plenitud del terreno donde se ubica la Casa de Retiro Cardenal Cushing, en Chaclacayo”.

La propuesta enviada por la FPF fue la siguiente:

Como podrá notarse, la FPF plantea adelantar al Arzobispado de Lima S/ 1 200 000, equivalentes a poco menos de US$ 400 000. ¿Cómo se explica que una entidad que tiene la ventaja del dinero plantee una negociación en la cual le otorga toda la ventaja a la otra parte? Hay una pregunta que flota en este impío negocio: ¿hubo alguien que ganó alguna comisión?

La carta contiene otro párrafo que ratifica que la FPF asumió la posición de entidad benefactora en lugar de negociar protegiendo los intereses de la institución. Dice: “Para nuestra Federación, el realizar un esfuerzo económico de esta importancia nos compromete más aún el de realizarlo en el mejoramiento de la infraestructura de nuestra querida Iglesia y de poder aportar a las obras de desarrollo y bien social de la misma”.

La FPF, por decisión de Edwin Oviedo, Juan Matute y Natale Amprimo, terminó suscribiendo un contrato de cesión en uso, vale decir, una modalidad por la cual no se adquiere la propiedad sino únicamente el derecho a usar un inmueble por un tiempo determinado a cambio de un monto pactado. Es un contrato que ya está casi en desuso y que se utiliza ocasionalmente en el mundo agrícola o cuando el Estado no desea desprenderse de la propiedad. Asimismo, la posición asumida por la FPF apuntaba a beneficiar a la Iglesia con asuntos que están fuera de una relación comercial, por ejemplo, la “refacción de fachada y pintado de iglesia”.

En concreto, si hubiesen actuado con seriedad, los tres personajes que manejaron la FPF debieron comprar un terreno en una zona accesible e invertir en infraestructura exclusiva para el fútbol. No tiene ningún sentido —salvo presuntos intereses sombríos— ligarse innecesariamente al Arzobispado de Lima con las cargas ideológicas que ello supone y los conflictos que pueden asomar.

Al día de hoy, el “santuario del deporte” es un proyecto abandonado que sirvió para encubrir trapacerías del “constructor” Antonio Camayo al que le encargaron las tareas de remoción de tierras y terminó en prisión por tráfico de influencias en el caso Los Cuelloos Blancos. En suma, engañaron a todos, empezando por el técnico Gareca quien tras su primera visita declaró: “Es algo increíble, es un día muy feliz para nosotros. Es la primera vez que vengo y tengo la posibilidad de conocerlo […] Sé que demorará un tiempo, pero la expectativa que tengo es poder prepararnos acá para la Copa América 2019”.

Al final, Edwin Oviedo Picchotito, Juan Andrés Matute Quiroga y Natale Amprimo Plá tal vez nunca expliquen por qué dañaron el futuro del fútbol peruano que necesitaba de un centro especializado para sus selecciones. Lo que sí está claro es que se trata de personajes expulsados del ámbito futbolístico”.

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