Llamadas que cambian rumbos

Si una llamada inesperada en la mayoría de los casos representa el anuncio de una noticia, un dato o la solución de un problema, vaya que en el fútbol peruano se han dado de todo tipo y bajo curiosas circunstancias.

Tim, Ramón Mifflin y Julio Grondona.
Mario Fernández
Lima. - 30 agosto 2020

Corría el mes de septiembre de 1993 cuando Javier Quintana, secretario general de la Federación Peruana de Fútbol desde 1979, el mismo año en que Julio Grondona asumió la presidencia de la Asociación de Fútbol Argentino, recibió una llamada del personaje. Cosa insólita para Javier. ¿Qué quería Grondona? De frente fue al grano: goleada por Colombia en el mismísimo Monumental (0-5), Argentina estaba a punto de quedar fuera del Mundial de Italia ‘94 sin derecho a repesca contra Australia. Perú, dirigido por Popovic, jugaría el último partido contra Paraguay en Lima. Si el Paraguay de Chilavert ganaba, el equipo de Alfio Basile quedaba fuera. Ya habían clasificado Colombia, Brasil y Bolivia. Quintana aún hoy recuerda: “Grondona por el teléfono fijo —ya que el celular ni existía— pensando quizá que Perú les daría el triunfo a los paraguayos, me pidió muy amablemente que Perú haga todos los esfuerzos por ganar. Yo le contesté que nuestra selección buscaría la victoria así ya estuviera fuera de carrera. Y aunque empatamos 2-2 con goles de Jorge Soto y Darío Muchotrigo, Argentina pudo ir a lo que hoy llamamos repechaje y antes era repesca”.

Julio Grondona.

Al día siguiente, recuerda Quintana, “me volvió a llamar para agradecerme por el empate. ¿Qué pensaría Grondona de nosotros? Fue la forma con que se manejó siempre”. Grondona, por ejemplo, no permitió que en el partido de ida en Sydney (1-1) hubiera control antidopaje y allí surgió aquello del ‘café veloz’ porque los argentinos corrieron más que los australianos.  

Germán Leguía venía de España en 1977, ya que su pase al Deportivo Español no pudo ser por orden del presidente Francisco Morales Bermúdez, quien con sus hijos —dice hoy ‘Cocoliche’— manejaba la selección de Marcos Calderón que se preparaba en el Country Club El Bosque de Chaclacayo para el Mundial de Argentina ‘78. “El dirigente Augusto Moral y de peso en Sporting Cristal había desmantelado a la ‘U’, contratando a Chumpitaz, Soria, Percy Rojas, Oblitas, ‘Panadero’ Díaz, ‘Cachito’ Ramírez. Solo Muñante se salvó porque se fue a México. Convocado y concentrado, Moral me buscó e insistió por llevarme a La Florida. Yo me hice el loco porque quería seguir siendo crema. En la ‘U’ estaban los dos hermanos Alba al mando y con Miguel Pellny buscando de llegar. De repente en esos días recibo una llamada telefónica. Era Pellny para decirme que los Alba habían renunciado y que él sin elecciones asumía la presidencia. No tardé un minuto en aceptarle su propuesta. Hasta hoy pienso que si Pellny no volvía hubiera jugado por Cristal. ¡Imagínate!”.

Pío Dávila, titular de Alianza Lima en 1994 se hallaba en EEUU visitando a su hijo Pío que estudiaba economía, cuando una noche recibió la llamada de uno de los hermanos narcos colombianos Rodríguez Orejuela desde Cali: querían a su goleador Waldir Sáenz y estaban dispuestos a pagar un millón de dólares por él. Pío hoy me cuenta: “No sé cómo darían con ese número que era el departamento de unas amistades de mi hijo. Le dije que me encontraba en Dallas. ¿Sabes qué me respondieron?: ‘No se preocupe mañana le mandamos un avión privado para que lo traiga a Cali’. Solo me quedó decirles que no lo hicieran porque todo dependía de mi directiva y acá en Lima Alberto ‘Beco’ Espantoso se negó y Waldir siguió siendo aliancista”.

Waldir Saénz, 2001.

Alberto Gallardo jugaba en el Cagliari cuando una noche de 1981 llamó a Julio César Uribe para decirle que el presidente del club, junto con el excrack Luigi Riva, vendrían a Lima por él. Había habido un seguimiento tanto en Sporting Cristal lleno de títulos en esos años, Copa Libertadores y selección. Había una etapa consolidada. “No lo podía creer, pero esta vez era cierto. Y es que después de las Eliminatorias que ganamos para España 82, el Leeds United me buscó, pero en Cristal no aceptaron hasta después del Mundial, esperando una mejor propuesta. Pero, como saben, del mundial español nos fuimos muy rápido”, afirma. Tras tiras y aflojes Cristal llegó a un acuerdo con los del Cagliari y Uribe terminó jugando tres años en ese club no sin antes conocer que Juventus e Inter también lo quisieron, viéndolo jugar en estadios italianos.

Uribe con la selección peruana en Esapañ ’82.

Fue José ‘Pepe’ Aramburú el que viajó a Río de Janeiro a contratar a Elba de Padua Lima, Tim a secas. Y lo consiguió. A partir de allí nació una gran amistad con la familia de Tim. Por eso cuando en setiembre de 1981, con la delegación en Montevideo, llamando por teléfono a la esposa de Tim, logró que la hija de ambos de nombre Valeria viajara de incógnita a la capital uruguaya. Quería darle una sorpresa al viejo Tim. Entrenando la Selección en el Centenario y estando Tim de espaldas, Valeria se le acerca y le tapa los ojos y Pepe le dice: ¿Adivina quién es? Tim responde que no sabe y cuando ve a Valeria exclama: ¡Filha de puta! mientras la abrazaba, pero sin dejar de tocarse el lado izquierdo del pecho. Todos nos asustamos. Una llamada telefónica pudo dejar a la selección sin entrenador a escasos cuatro días de jugar contra Uruguay al que le ganamos 1-2.

Elba de Padua Lima (Tim).

Era 1972 y Rosario Central enfrentaba a Gimnasia y Esgrima en Buenos Aires, cuando Ramón Quiroga recibió una llamada en el hotel Savoy de su delegado Mario Cuarantacasa para informarle que desde Lima venían Augusto Moral y Josué Grande porque estaban interesados en contratarlo para Sporting Cristal. Y así fue. Ramón atajó como nunca y los dirigentes rimenses no tardaron en llegar a un arreglo con Cuarantacasa. “Me vine a Lima aun cuando mi madre María Angélica que hoy tiene 91 años no quería. El año anterior había hecho mi servicio militar fuera de Rosario y otra vez me ausentaba. Mi padre Ramón, hincha de Newell’s, por cierto feliz. Esa llamada me afincó para siempre en el Perú porque han transcurrido 48 años y acá con la familia he hecho mi vida”.

Ramón Quiroga defendiendo el arco de la selección peruana.

Ramón Mifflin ya jugaba en Santos FC cuando una noche de 1975 recibió en su casa en Santos una llamada desde Nueva York. Era de Edson Arantes do Nascimiento, Pelé, su amigo y quien había hecho posible su llegada al famoso equipo paulista, aunque años después el ‘Rei’ se fue a jugar al Cosmos de los ‘yunaites’. En su mascado portugués, confiesa hoy Ramón, le dijo que si quería ir a jugar al Cosmos. “Le respondí que sí pero que me faltaba un año más en mi contrato a lo que Pelé me dijo: ‘no te preocupes esto yo lo arreglo’ y así fue: a los tres días estaba viajando a Nueva York para continuar jugando al lado de él. Fueron dos años del 75 al 77. ¡Cómo olvidar esa llamada! ¡Cómo olvidar las giras que hicimos!

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