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Marcelo Bielsa, el noble genio del fútbol

Acaba de ascender a la Premier League con el Leeds United y su maravillosa historia ya lo ha convertido en una leyenda.

Umberto Jara
Lima - 26 julio 2020

Si se hubiese dedicado a alguna ciencia sería un premio Nobel. Tiene la misma obsesión al trabajo de aquellos científicos que persiguen un descubrimiento necesario para la humanidad. Si tenemos en cuenta una exacta frase de César Luis Menotti: “El fútbol es una maravillosa excusa para ser feliz” debemos decir que Marcelo Bielsa es un genio trabajando para entregarnos esos momentos de felicidad. Usted cuestionará esta afirmación por qué no ha visto un solo partido del Leeds United y tampoco lo siguió a Bielsa en el Lille de Francia o en el Athletic Bilbao, equipos pequeños alejados de los grandes protagonismos. Eso no importa. Esa felicidad futbolera nos llega a través de otros que han aprendido de la sabiduría de Bielsa. Su influencia en el mundo del fútbol está más allá de los equipos que ha dirigido. Basta mencionar que un hombre como Pep Guardiola, que ha marcado un antes y un después en el fútbol moderno, lo considera un maestro y le dedicó un enorme homenaje en una sola línea al conocer que Bielsa había logrado que el Leeds United ascienda a la máxima división. El rotundo twitter de Pep decía: “El mejor llega a la Premier League”.

Marcelo Bielsa / Foto: The Sun.

No fue un elogio de compromiso hacia un colega. Guardiola, el director técnico que logró que el mundo retornase al fútbol bien jugado por encima del resultadismo, sabe muy bien a quien elogia. Cuando decidió ser técnico recibió un consejo del goleador Gabriel Batistuta: “Si deseas ser entrenador tienes que conocer a Bielsa”. Fue a buscarlo hasta la Argentina. Lo visitó en su campo en las afueras de la ciudad de Rosario. Charlaron 11 horas seguidas y un informe del diario El País relata ese encuentro señalando que “Hubo preguntas complicadas. Bielsa le dijo: ¿Por qué usted, que conoce toda la basura que rodea al mundo de fútbol, el alto grado de deshonestidad de cierta gente, aún quiere volver ahí, y meterse además a entrenar? ¿Tanto le gusta la sangre? Pep no se lo pensó dos veces: Necesito esa sangre”.

Marcelo Bielsa y Pep Guardiola.

Fue en esa reunión que Marcelo Bielsa le dio una opinión de respeto y justicia hacia el trabajo periodístico y Guardiola la hizo suya y la ha mantenido en la más alta élite en que se maneja el técnico catalán. “Bielsa le explicó por qué no concedía entrevistas personales a los medios de comunicación. Se resistía a caer en esa especie de juego con los locutores influyentes, con los grandes grupos mediáticos. ¿Por qué le voy a dar una entrevista a un tipo poderoso y se la voy a negar a un pequeño reportero de provincias? ¿Por qué voy a acudir a una emisora líder cada vez que me llame y en cambio jamás a una pequeña radio del interior? ¿Cuál es el criterio para hacer una cosa así? ¿Mi propio interés? Eso es ventajismo. Guardiola adoptó la medida nada más hacerse cargo del primer equipo del Barcelona. Decidió no conceder entrevistas personales. Someterse, por supuesto, a las ruedas de prensa, tres por semana, sin vetos ni duración acotada, pero no pasar de ahí. La decisión, controvertida y cuestionada por muchos periodistas que veían despreciada su labor o su importancia, finalmente se ha impuesto como un rasgo distintivo más”.

En una época en que el fútbol-empresa que ha convertido a los jugadores en gladiadores y a los estadios en coliseos romanos, Bielsa sabe competir sin perder los valores y la esencia de lo humano. Todo mundo se pregunta por qué no entrena a alguno de los cinco equipos más grandes del planeta. La respuesta la tiene él: le exigirían comportarse de manera distinta a sus creencias y a sus métodos de trabajo, empezando por la sencillez con que le gusta vivir, aunque sus ingresos sean muy importantes.

Cuando llegó a la ciudad de Leeds para hacerse cargo del Leeds United con la consigna de devolverlo a la Premier League tras dieciséis años de haber descendido, lo alojaron en el Rudding Park Spa, un hotel de cinco estrellas en el histórico condado de Yorkshire. Agradeció la gentileza y lo primero que hizo fue ponerse a buscar un lugar que estuviese cerca del lugar de entrenamiento de su equipo. Terminó instalándose en el pueblito de Wetherby donde alquiló un sencillo departamento ubicado sobre una tienda y apenas a cinco kilómetros del complejo deportivo Thorp Arch donde debe entrenar y al cual llega caminando a diario vestido con la única indumentaria en la que se siente cómodo: un jogging y una pequeña mochila a la espalda. Si tuviese menos de los 64 años alcanzados sin duda iría trotando, pero cubre los cinco kilómetros a pasos largos y firmes en 45 minutos.

El técnico, el mate argentino y sus apuntes. Foto: Leeds United.

Cuando inició su trabajo con los jugadores del Leeds United aplicó el cuestionario reducido de preguntas que estrenó cuando era DT del Lille en Francia. La versión original tenía 200 preguntas para conocer mejor a sus jugadores y le valió un rotundo titular del diario Olé de Argentina: “Bielsa está más loco que nunca”. Ese cuestionario se redujo después a no muchas preguntas entre las cuales están: “¿Qué piensas de la pobreza en el mundo? ¿Qué prefieres hacer? ¿Cuáles son tus cinco libros preferidos o tus cinco películas favoritas?”. Es muy fácil decir que está loco. Es mejor preguntar por qué Bielsa hace lo que hace. La respuesta tiene que ver con algo que aprendió de su maestro Jorge Griffa: “A mejor persona, mejor jugador”. Por eso se esmera en hacerle entender a sus futbolistas que no todo es tirar un centro perfecto o anotar un gol espectacular sino también saber que un jugador no vive dentro de una cancha de fútbol sino en una sociedad. Por eso todos los dirigidos por Bielsa viven agradecidos porque les aportó enseñanzas en la profesión y enseñanzas en lo personal. Ahora pregúntese ¿aceptarían este estilo Cristiano Ronaldo, Sergio Ramos, Gerard Piqué o Zlatan Ibrahimovic?

La estrecha relación que se genera entre Marcelo Bielsa y los jugadores que entrena está muy bien retratada por el periodista Román Iutch en su libro “La vida por el fútbol”. Hay un pasaje en el cual se relata el momento más doloroso en la carrera del entrenador argentino. Ocurre minutos después de que la excelente selección argentina que se presentó como candidata al título en el Mundial Japón-Corea 2002, terminó fuera en primera ronda. Este es el pasaje: “Bielsa pidió a sus colaboradores que juntaran al plantel completo y armó otra charla como cierre del trabajo de años. Acomodaron todo en uno de los salones del lugar e intentó comenzar un monólogo: “Miren muchachos, yo sólo quiero agradecerles por el esfuerzo que hicieron en todo este tiempo. Tienen que estar tranquilos en su conciencia porque eso es propio de hombres nobles y ustedes lo son. El futbol tiene estas páginas tristes y es desobediente con los merecimientos. A veces ocurre que sigue adelante el que hizo menos y se queda en el camino el que más buscó. Nosotros dejamos todo para seguir adelante, pero no pudo ser”. Intentó seguir con su discurso, pero fue imposible. El arquero Germán Burgos, un tipo con profundo sentido del humor, pero muy sensible, fue en su auxilio y lo estrechó en un fuerte abrazo que aún hoy recuerda: “El lugar era grande y con sillas. Él se sentó e intentó hablar, pero después de unas palabras se quebró. Fui a abrazarlo y les dije a los chicos que hicieran lo mismo porque era un entrenador maravilloso”.

Bielsa dirigiendo a la selección argentina. Atrás aparece con el número 1 “El Mono” Burgos.

La atención que Bielsa le brinda a sus dirigidos es una constante y las autoridades del Leeds United se sorprendieron porque a la hora de discutir los detalles de su contrato, el técnico no insistió en lo económico y arregló rápidamente pero sí fue exigente y detallista en los elementos de trabajo. Se tuvieron que hacer mejoras importantes en el complejo donde practica el primer equipo. Según el diario inglés The Sun Bielsa exigió: “grandes modificaciones para mejorar cuestiones de logística y optimizar las labores diarias, las concentraciones y la planificación previa a los partidos oficiales. Al mismo tiempo hizo montar una habitación propia con catre, cocina y sala de estar donde suele diagramar sus trabajos. Camas para que los jugadores descansen entre los dobles turnos y área de esparcimiento abastecida con mesa de pool y Play Station. La piscina que existía también fue refaccionada para la comodidad de los miembros de su plantel, a los que compromete con el cuidado y limpieza de las instalaciones”.

Y a todo esto ¿cómo es el Leeds United al que llegó Bielsa? Es un club muy antiguo fundado en 1919 y que recién en la década del 60 pudo despegar en el escenario importante. Su último ciclo exitoso ocurrió en la Champions League 2000/01 con un estupendo equipo en el que alineaban Rio Ferdinand, Marck Viduka, Robbie Keane, Jonathan Woodgate, Harry Kewell. Eliminaron en cuartos de final al entonces poderoso Deportivo La Coruña y luego, en semifinales, cayeron ante el Valencia de Héctor Cuper. 

Al año siguiente, los problemas económicos obligaron al Leeds United a vender a sus estrellas. Rio Ferdinand se marchó a ser gran figura en el Manchester United y Harry Kewell al Liverpool. La crisis trajo la decadencia futbolística, el viejo Leeds vendió su hermoso estadio, el Ellan Road que hoy alquila, se declaró en quiebra y fue cayendo hasta descender a la tercera categoría del fútbol inglés. El año 2010 lograron el ascenso a la Second Division y hace dos años contrataron a Marcelo Bielsa.

Marcelo Bielsa celebra la victoria de Leeds United / Foto: Lee Smith.

Entonces, cuando Bielsa firmó por el Leeds United estaba comprometiéndose a trabajar en un club de la segunda división inglesa con el reto de devolverlo a la Premier League a la cual había dicho adiós hacía 16 años. ¿Por qué un técnico del prestigio y la sabiduría de Bielsa aceptó alejarse de clubes de la primera división europea en la que venía trabajando? ¿Por qué no ir al Barcelona, al Real Madrid o a la Juventus? Quizá la mejor explicación la tenga él mismo: “La vida, en líneas generales, es construcción y de vez en cuando se logran los objetivos. Lo interesante no es ser exitoso porque el éxito se consume instantáneamente. Una vez que se logra se desvanece y se pierde. En cambio, la construcción, el desarrollo, la búsqueda es lo que consume el tiempo de todos nosotros. Lo importante es el tránsito, la dignidad con que se recorrió el camino en la búsqueda del objetivo. Cómo lo consigo es siempre más importante que cuánto consigo”.

Y con esa filosofía ajena al tumulto de la fama, a los millones, al estrépito de los grandes escenarios, se pone a construir hazañas con jugadores desconocidos a los que convence para integrar sus pequeños talentos en un equipo lleno de convicciones. El Leeds United de Marcelo Bielsa no es un equipo de juego maravilloso por el que los auspiciadores pagarían millones de dólares, pero sí es un elenco vibrante, luchador, fiel a la convicción de su entrenador de jugar con orden y pensando en el arco de enfrente jamás usando la mezquindad de ser defensivos.

El Leeds United tuvo coraje y convicción para transitar las larguísimas 46 fechas que tiene la difícil y agotadora segunda división inglesa. Sostener un ritmo regular en un largo y duro torneo ya es un enorme logro. Unir a eso la convicción irrenunciable del entrenador argentino de que sus equipos sean siempre ofensivos, es otro mérito enorme. Y cerrar la temporada como campeones con 77 goles anotados, 35 en contra y 10 puntos de diferencia sobre el segundo, habla de lo que es capaz de hacer Marcelo Bielsa con un equipo de presupuesto pequeño y ausencia de figuras, si se tiene en cuenta que la batuta de su equipo la tiene el español Pablo Hernández, un volante de 35 años con una modesta trayectoria en Valencia, Getafe, Swansea, Al-Arabi, Al-Nasr y Rayo Vallecano, y su goleador es un desconocido para las primeras planas llamado Patrick Bamford (26).

Ocurrió una vez más este hecho que se traduce en una frase constante sobre Marcelo Bielsa: “La capacidad de convencer y mejorar a los futbolistas tal vez sea su virtud más destacable como entrenador. Por eso no hay jugadores que hablen mal de él: los lleva hasta el extremo y les revela aptitudes impensadas”.

No es extraño que la ciudad de Leeds le otorgue el homenaje de una calle con su nombre a un entrenador que va a comprar el pan o a tomar un café como un sencillo vecino y, a la vez, concreta la hazaña de dejar atrás 16 años en segunda división para llevarlos a la prestigiosa y luminosa Premier League y, además, no los lleva de cualquier manera sino con la nobleza de su pensamiento de siempre: jugar al ataque, ser verticales y ordenados y siempre al ataque sin importar por cuánto se gana o cuántos goles hay que remontar, convencidos de que las tribunas se irán alegres cuando haya goles.

De compras en el súper mercado de la ciudad de Wetherby.

Hay una distancia enorme entre sacar campeón al Real Madrid o ascender a primera al Leeds United. No es lo mismo parar en el campo a once estrellas y tener otras seis figuras en la banca que tener que administrar recursos futbolísticos modestos y hacer con ellos un equipo protagonista. Tal es el inmenso talento y la inmensa vocación de trabajo de Marcelo Bielsa que admiran y respetan los entrenadores en el mundo. En estos tiempos de exigencias por el “éxito” probablemente a más de uno le parezca un disparate que este hombre se “desperdicie” en equipos menores cuando podría estar dirigiendo formaciones espectaculares. Para quien piense así es bueno traer a estas líneas una confesión del técnico español Vicente del Boque: “Gané una Champions y un Mundial pero mi mejor época fue cuando trabajé en las Inferiores; rodeado de personas anónimas pendientes de los chicos, fue la época más bonita. Ganaba mucho menos dinero, pero no necesitaba más nada”. Se trata de tener en claro qué se quiere y qué se busca en la vida. Lo resume un admirador de Bielsa, Sergio Vigil el técnico de Las Leonas, las campeonas mundiales del hockey: “Buscar en la vida ser el número uno obsesiona. Buscar en la vida ser el mejor que podamos ser, apasiona”. Y Bielsa es un hombre apasionado por su oficio y muy ajeno a la vulgaridad del éxito, la fama y la riqueza.

Las preocupaciones de Bielsa son distintas. No le interesa tolerar y administrar, por ejemplo, el ego de un Cristiano Ronaldo. Prefiere prestar atención al consejo de su esposa, Laura Bracalenti, la mujer que le hizo modificar aspectos de su personalidad. Cuenta Bielsa que “Más que una recomendación fue una orden de mi esposa: que sonriera y que mirara a los ojos, cosa que estoy cumpliendo a rajatabla. Creo que ese ya es un buen aporte a las relaciones humanas”. Un aporte que aplica día a día aceptando los pedidos de selfies y los autógrafos o respondiendo la correspondencia de los fanáticos. Tras lograr el 3-1 del Leeds United ante el Derby Country, a la salida del estadio Pride Park, el técnico observó que entre el grupo de aficionados que lo saludaban agradeciendo haber logrado el ascenso, había una jovencita en silla de ruedas. Detuvo su vehículo y caminó hasta donde la joven para darle un cálido abrazo. Le dio a esa muchacha un instante de felicidad. De esos momentos está hecho el fútbol cuando se piensa en las gentes y en los sentimientos.

Eso es Marcelo Bielsa, un genio en el mundo del fútbol y, a la vez, un hombre sencillo.

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