Marta, la reina del fútbol

Goleadora en mundiales y cinco veces consecutivas la mejor del orbe. Es la gran figura del fútbol femenino. Su historia es un ejemplo de perseverancia.

Manuel Manrique
Brasil. - 27 diciembre 2020

Los primeros que conocieron el talento de Marta Vieira da Silva fueron los chicos que jugaron fútbol con ella en los descampados de Dois Riachos, su pueblo natal, en el interior de Alagoas, una de las regiones más pobres de Brasil. Aunque jugar fútbol era su diversión preferida pronto, aquella niña conoció la discriminación de los colegas, que la llamaban de “sapatão” (término despectivo para referirse a la mujer homosexual) cuando ella insistía en jugar porque consideraban inadmisible que una mujer quisiera jugar fútbol.

Dentro de la familia, sus hermanos Valdir y José, la vigilaban para que no salga de la casa a jugar con la pelota. “El fútbol es para hombres, no seas anormal”, le decían. Una vez, durante la Copa Infantil de Futsal, en la vecina Santana do Ipanema, una de las más importantes de la región y de las pocas que autorizaba la participación femenina, Marta mostraba su habilidad y muchas veces superaba a los chicos. Varios amenazaron golpearla, por eso su entrenador decidió sacarla del equipo y a partir de ahí, el torneo cambió de nombre a Copa Infantil de Futsal Masculino.  

Marta rompió paradigmas en Brasil.

“Tengo orgullo de haber sido su primer técnico. En los cinco años que estuvo con nosotros, Marta fue la primera y única mujer del equipo. Los niños tenían celos, no querían jugar contra ella porque era talentosa y atrevida. La ayudé con zapatillas, ropa para entrenar y, cuando se fue a Rio de Janeiro a probarse en el Vasco da Gama, a juntar los documentos para que pueda viajar. En ese momento, las niñas de la región pasaron a interesarse por el fútbol. Marta fue una inspiración mucho antes de ser la estrella que es hoy”, declara José Julio de Freitas, conocido como Tota, 76 años, profesor de educación física jubilado en su pequeña ciudad de origen y otrora entrenador de la categoría infantil del Centro Sportivo Alagoano (CSA).

La burla y los insultos no fueron obstáculos. Seguía jugando a pesar del control familiar y las bromas de mal gusto, pero insistía en el sueño de ser futbolista sin olvidarse de su madre, Tereza da Silva, lavandera, que recibía monedas que las personas le daban por ayudar a llevar las bolsas del mercado, cargar alimentos a los puestos, lavar platos o de lo recaudado de la venta de ropas y raspadilla. Aceptaba cualquier servicio a cambio de dinero para su mamá.

Entre el fútbol y los cachuelos, Marta no tenía buen desempeño escolar. “Ella agarraba sus libros y me decía que se iba al colegio, pero en realidad iba debajo del puente a jugar fútbol con los muchachos. Era seguido.”, cuenta sonriente doña Tereza, que recuerda la promesa que su hija le decía cuando le llamaba la atención: “Un día seré una persona que la ayudará a tener una vida mejor”.

Marta desde le punto penal jamás perdona.

Las cosas comenzaron a cambiar cuando surgió la oportunidad de una prueba en las categorías de base de los clubes Vasco da Gama y Fluminense, algo insospechado y remoto si no fuese por el contacto del profesor Tota, quien le pidió autorización a doña Tereza para que la deje ir. Con los ahorros y la ayuda de terceros se compró el pasaje de ómnibus a Rio de Janeiro. El viaje a la ciudad grande duró tres días y Marta sólo pensaba en el día de la prueba. Sería la primera vez que jugaría en una cancha de césped y usaría chimpunes.  

“Cuando la vi le dije a mi asistente: esa tiene buena cara. Tiene rabia en la vida, importante para vencer. Ella me dijo: pero no la has visto jugar. No necesitaba verla jugar. La rabia estaba en su cara, en su mirada. Cuando esa chica de 14 años comenzó a tocar la bola, llamó la atención, creció en la cancha. Se adaptó rápido, dribleaba y le pegaba a la pelota maravillosamente. Ella quería vencer y mostrar sus cualidades”, le dijo a la BBC, Helena Pacheco, técnica y encargada del fútbol femenino del Vasco da Gama.  

El Mundial 2003

Marta no llegó al Fluminense. Comenzó en la categoría Sub 17 haciendo goles y llamando la atención por su velocidad, explosión y facilidad para pasar por sus marcadoras. Su potente pierna izquierda la hacía una futbolista diferente. La entrenadora, Pacheco habló con Eurico Miranda, presidente del club, para que fuera registrada y contratada como atleta Cruzmaltina en la Federación de Fútbol del Estado de Rio de Janeiro.

El primer salario se lo mandó a su mamá. Las cosas comenzaron a mejorar, llegó a la selección, conquistó títulos locales y regionales, pero la crisis financiera del 2002 obligó al Vasco da Gama a terminar con varios deportes, entre ellos el fútbol femenino. En entrevista al site de la CBF, Marta cuenta que Helena Pacheco la ayudó a continuar jugando al recomendarla al club Santa Cruz, de Belo Horizonte.

El Mundial del 2003 se iba a jugar en China, pero por una Síndrome Respiratoria Aguda Grave (SARS, por sus siglas en inglés) en el país, el evento se transfirió a los Estados Unidos. Brasil terminó primero en su grupo y Marta, menor de edad, anotó dos goles en tres partidos, hecho que despertó la atención de dirigentes y empresarios del fútbol. Brasil no llegó a semifinales. Fue eliminado por Suecia, un país donde el fútbol femenino es común y se práctica desde la infancia.

El presidente del Umea IK, un centenario club de fútbol sueco, se fijó en la brasileña y no pensó dos veces antes de contratarla. Cuando se enteró del interés de la institución, Marta llamó a Helena Pacheco a pedirle consejo y a preguntarle si la propuesta era verdadera.

Al mudarse a Suecia, en el 2004, Marta se sorprendió con la organización del club, la infraestructura para entrenar y el respeto hacia las futbolistas. La vida en Suecia fue un éxito. Ganó campeonatos, títulos individuales, recibió premios de la FIFA, aprendió sueco, se enamoró de la cultura nórdica y conquistó fama.

La embajadora

Tras la exitosa experiencia en Suecia, Marta aceptó jugar en la Liga Americana. Defendió los colores de Los Ángeles Sol, el Gold Pride de California y el Western New York. Durante la experiencia americana fue prestada al Santos, donde ganó la Copa Libertadores 2011. Regresó a Suecia luego de fichar por el Tyreso FF, pero el club quebró en el 2014 y el FC Rosengard, de Malmo, le abrió las puertas.

Actualmente está en su tercer año con el Orlando Pride y a pesar de nunca haber ganado un Mundial (participó en cinco) o un oro olímpico (en Tokio tendrá su quinta oportunidad), Marta fue elegida por la FIFA la mejor futbolista del mundo (2006-2010 y 2018), Balón de Oro (2006-2009 y 2018) y hasta el momento, lleva 18 títulos en su carrera: cinco con Brasil y 13 con los clubes que defendió.

Recientemente fue invitada a ser Embajadora de Buena Voluntad de ONU-Mujeres, la agencia de Naciones Unidas a cargo de la promoción y defensa de los derechos de la mujer y la igualdad de género. Marta entró al selecto grupo de Embajadoras, integrado por las actrices Nicole Kidman, Emma Watson, Anne Hathaway y Danai Gurira.

En el carnaval de este año, la Escuela de Samba Inocentes de Belford Roxo se inspiró en la vida de la futbolista para preparar su desfile en el sambódromo. “Marta nordestina, mata el prejuicio y muestra su talento: el don de jugar y vencer en el fútbol” fue el título del samba-enredo, cantado por Marta desde un carro alegórico en forma de botín de fútbol y acompañada por chicas del proyecto “Una Victoria Lleva a Otra”, iniciativa de ONU-Mujeres y el Comité Olímpico Internacional, que ofrece oportunidades a más de 1,700 niñas y adolescentes de Brasil a practicar deporte y aprender otras habilidades para el futuro.     

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