Miguel Villegas y las historias sobre el hermoso amor a la camiseta

En el fútbol peruano escasean los goleadores y los escritores. Existen tantas historias esperando quien las escriba. Afortunadamente, el escritor y periodista Miguel Villegas decidió anotar un golazo con un libro estupendo: “Amor a la camiseta”.

Daniel Yaipén
Lima. - 13 junio 2021

El periodista y escritor Miguel Villegas acaba de publicar “Amor a la camiseta” un libro que contiene historias, recuerdos, sueños, vivencias, instantes. Camisetas que se guardan como reliquias de amor, futbolistas que conservan sus sueños en las camisetas que sudaron o en las fotos de momentos especiales. Son historias hechas de amor al fútbol. De amor a los recuerdos. Homenaje a la nostalgia. Un hermoso libro, indispensable para quienes amamos el fútbol. ONCE conversó con Villegas y nos entrega una entrevista que es como una charla desde el corazón futbolero.

“En un país tan fracturado y dividido como el nuestro, donde expresar tu odio se ha vuelto algo común, es lindo que un chico salga a la calle con la camiseta de su país y eso sea un factor para olvidar nuestras diferencias y tantas atrocidades que se pueden estar viviendo”, con esta primera reflexión Miguel Villegas inició esta charla con ONCE.
La publicación de Miguel Villegas sobre la historia del futbol peruano

Miguel Villegas confiesa que los momentos más felices en su vida han sido gracias al fútbol. Recuerda los viajes con su padre siguiendo a Universitario, el equipo de sus amores. Se considera parte de la resistencia en su generación, los que aún a pesar de todas las derrotas que les tocó asimilar, siguieron confiando, teniendo un vínculo cercano con su selección y vistieron la camiseta siempre con orgullo.

¿Cuándo y cómo fue tu primera vez en un estadio?

Con respecto a esa inquietud tengo dos episodios distintos por contar. El primero que toda mi familia recuerda menos yo, salvo vagos chispazos. Fue ir a la tribuna Norte del estadio Nacional, con mi viejo y abuelo, en el año 1981, para presenciar el partido de Eliminatorias entre Perú y Colombia. Ese día ganamos 2 a 0 con goles de Barbadillo y Uribe de penal. Mi papá me cuenta que más me la pasé pendiente de lo que hacía la gente que de lo que pasaba en la cancha. El partido que yo recuerdo como la primera vez fue un triplete en el Nacional, no estoy seguro si fines del ’85 o inicios del ’86. Tribuna Oriente que era la tradicional de Universitario. Esa subida de escaleras infinita para un niño pequeño hasta llegar a ver ese verde impresionante que era la cancha del estadio. Las bancas de madera, las tablitas con las que la barra alentaba, ver gente de toda edad igual de emocionada, fue algo que realmente me marcó. Mi viejo era muy futbolero y toda mi relación con este lindo deporte está relacionada a ese día.

¿Ese día descubriste un nexo distinto con tu padre?

Sentí que era el mejor lugar para estar con él, nunca lo había visto tan feliz como ese día en el estadio. Yo tengo la sospecha de que a él le hubiera gustado ser jugador profesional, era tremendo back con muchas condiciones, pero lo hicieron entrar muy joven a la Marina y siento que se enfocó ya en dar lo mejor por la institución, un submarinista que salía a las 5 de la mañana de su hogar y regresaba a las 6 de la tarde. Llegó a navegar toda Sudamérica. Mi viejo es un tipo muy disciplinado, ordenado, hasta callado podría decirse pero en ese proceso de ir al estadio pude observar como se iba transformando. Desde el trámite que significaba ir a conseguir las entradas, la procesión para entrar al coloso, los cánticos que se comenzaban a escuchar provenientes del interior, los gritos y los insultos una vez ya comenzado el partido —era algo a lo que yo no estaba acostumbrado en casa—. Ver a mi viejo convertirse de un mar en calma a un huracán, ver como ese hombre pausado se convertía en un hincha eufórico hizo que me entregará a esta pasión y a entender bien que el fútbol y las emociones más fuertes de la vida siempre van a estar vinculadas a este deporte que amamos con pasión.

¿Con que relacionas tu amor por el fútbol?

Tal vez en mi acercamiento con mi padre. A nosotros no nos sobraban las monedas, me imagino que habrá sido un esfuerzo heroico ir a ese partido de eliminatorias. Y si bien íbamos al estadio, a los tripletes, no era todos los fines de semanas. Solíamos ver el fútbol desde casa. Claramente me vienen a la memoria esos sillones azules de terciopelo en los que nos preparábamos para vivir esa montaña rusa de emociones que iban desde la felicidad del triunfo, la emoción de una buena jugada, el enojo de un fallo en contra o la tristeza de una derrota sentida. Igual para mí lo más importante era lo cercano que yo sentía a mi padre durante esos noventa minutos.

1984, Miguel con su papá Ángel Villegas Soto, a quien dedica este libro.

¿Esas tardes de fútbol cambiaron la relación con tu padre?

Definitivamente, mi viejo me dejó crecer en ese espacio, era como un mundo paralelo a nuestro trato con relación a mis obligaciones y labores domesticas. En ese tiempo me daba licencias distintas para interactuar con él.

¿Qué valores de Universitario tiene tu padre?

Mi viejo es un tipo sacrificado, de mucho esfuerzo, sacrificio, de mucho trabajo duro como paso previo para conseguir sus objetivos. Lo tengo muy presente, tuvo dos o tres trabajos para mantenernos. Cuando él me presenta a su equipo lo hace a través de un jugador que en ese momento no estaba vistiendo la camiseta crema. Un fin de semana en la mañana me dice vamos a ir al ‘Lolo’ a ver a un muchacho que es de las divisiones menores pero ahorita esta a préstamo, estoy seguro que el próximo año ya estará en el primer equipo de la ‘U’.

¿A quién fueron a ver?

Era un jovencísimo Roberto Martínez, que jugaba en el San Agustín y todavía no era aquel volante fino que parecía desfilar por una pasarela en lugar de correr por una cancha de fútbol. Aquel muchacho era aún un novel mediocampista que se tiraba de cara para recuperar un balón si era necesario. Lo recuerdo claro, con su lunar en el ojo derecho y su camiseta talla small pero que parecía extra large porque era sumamente delgado. No recuerdo contra quién jugaron ese día pero sí que empataron 2 a 2 y para un equipo chico como el canario eso demandaba un gran esfuerzo. Durante el partido mi papá me iba describiendo el accionar de Martínez y yo lo veía como un súper héroe. Al final del partido me metí a la cancha y lo vi con el uniforme embarrado, con las medías abajo, la cabeza llena de pasto, parecía que había terminado una guerra que un partido de fútbol. Mi primera reacción fue correr a abrazarlo y él me tocó la cabeza con cariño. Mi viejo venía atrás y también lo saludó amablemente antes de desaparecer por las escalinatas del viejo estadio “Lolo” Fernández.

¿Aún como un niño que impresión te llevaste de esa experiencia?

Que el equipo de Universitario estaba formado por tipos entregados, esforzados que en circunstancias de inferioridad de condiciones van a entregar todo lo que tienen y más como ese día Roberto y a la vez nobles para tener un gesto de cariño con el único hincha que saltó de la tribuna para abrazarlo. Desde ese día la mágica atracción por el equipo de mi padre hizo que también fuera mío y, en general, sentir ese apego innato a esa forma de jugar. Yo me emociono más con una carretilla que con una huacha y es una característica de vida que para mi significa todo lo que tengo que dar y todo lo que tienes que hacer o superar si deseas vencerme. En el fútbol como en la vida otros pueden tener más talento pero yo voy a entregar todo, así sea necesario esforzarme diez veces más, por conseguir mis objetivos y metas.

Su primer ídolo de niñez fue Roberto Martínez cuando jugaba en San Agustín, 1986.

¿Por qué una camiseta te sirvió como el mejor instrumento para rendirle homenaje a tu papá?

Porque si mi viejo no me hubiera regalado esa camiseta en 1986 tal vez hoy otro sería mi destino. En los test vocacionales que tomas en el colegio me salía que podía ser médico, pero yo ya tenía un vinculo con el fútbol desde ese día que mi papá me la regaló. Fue una semilla que mi viejo plantó en mí y nos unió, nos hizo más amigos. Por eso mi libro es como una larga carta de agradecimiento para mi padre para transmitirle mi enorme agradecimiento por su valentía y todo lo que nos dio. Para mi cuando un padre le regala su misma camiseta a su hijo es porque quiere que se parezca a él, que te vistas como él, que sepas lo que es pertenecer y defender con orgullo tus colores, para mi es un gesto lindo de amor.

¿Consideras que la camiseta del equipo es lo más icónico de los símbolos de esa institución?

Sí, porque es un recuerdo vivo y más aún en estas épocas de cuarentena. Mucha gente conserva camisetas no sólo como una memoria personal sino como una de país. Sino fuera por los coleccionistas o futbolistas que guardaron sus divisas como trofeos mucha historia se habría olvidado. Tu camiseta es lo primero que ves cuando vas al fútbol, es lo primero que besa el jugador en un festejo apasionado, es lo primero que busca el fotógrafo para inmortalizar, es el instrumento más representativo y que mejor resume la identificación de un club. La camiseta es tu bandera, te hace sentirte vinculado a tu país y/o club, le muestra a los demás quién eres y de donde vienes.

Su primer regalo futbolero fue la camiseta de Universitario. El regalo inolvidable de su padre.

¿Te consideras un coleccionista?

En realidad más un cachivachero porque me falta orden y disciplina para ser coleccionista. Hasta ahora no he logrado terminar una colección entera, renuncio antes de tiempo. Muchas veces inicié pero mi di cuenta que es un trabajo muy arduo y de altísimo sacrificio. Con la investigación para el libro he conocido el caso de coleccionistas que cruzado el mundo para encontrar rarezas, no todo el mundo estaría dispuesto a hacer sacrificios de esa índole.

¿Cómo se hace para mirar el fondo de las cosas que los demás no ven?

Siempre trato de llegar tarde, tener paciencia y dejar que todos vean primero. Veo sus comportamientos, como interpretan la noticia y a partir de eso veo lo que realmente me interesa. Hacer este ejercicio para mi es como tener lentes 3D, como una realidad aumentada para ver que ocurre y desde una distancia que me permita analizar mejor. Por ejemplo, una vez fuimos a la casa del gran Héctor Chumpitaz que es un como un museo lleno de copas, medallas, camisetas hasta su bota de yeso firmada por Maradona. Es alucinante entrar y no abalanzarse como un demente sobre todo como hacen normalmente los periodistas pero yo prefiero esperar, tomar mi distancia, mirar y analizar bien primero.

¿Cómo influyó la pandemia en el logro de este libro?

Influyó para bien. Sin duda, “Amor a la camiseta” no existiría sino hubiera sido por la pandemia. Antes vivía muy apurado, todo el tiempo fuera de casa con muchos proyectos al mismo tiempo. Con esta coyuntura tuve la oportunidad de sentarme en mi casa, ver mis archivos, revisar mi ropero, tener una pausa en la vida para disfrutar con las personas que más te aman. Toda esta mezcla de sensaciones hizo que me pudiera programar, organizar entrevistas y demás actividades que me hubiera costado mucho más en condiciones normales. Lo que sí extrañé fue tener el reporteo en vivo que siempre te da ese plus adicional con el entrevistado, lo bueno es que pude concretar este proyecto que es uno de varios que tenía almacenados ahí sin resolver.

¿Qué lugar ocupa el fútbol en tu vida?

El fútbol es como un cordón umbilical en mi vida. En mi familia, con mi hijo, con mi pareja, con mi viejo siempre hablamos de fútbol. Con mis amigos también es un tema recurrente, ahora que me pongo a pensar no recuerdo tener un sólo amigo que no sea futbolero o al menos le guste el fútbol.

¿Crees que existe literatura deportiva en el Perú?

En el 2015 publiqué un libro llamado “Padre Nuestro” que no es ficción, que trata sobre la trayectoria de “Lolo” Fernández y el por qué es tan entrañable para el fútbol peruano. En ese momento dije que mi generación de periodistas tenía una deuda con la literatura deportiva del país porque habían muchos episodios de la historia del fútbol peruano que no han recibido la atención ni la traducción que merecen en un libro. Sin embargo creo que me equivoqué porque no debí usar el plural, nadie esta obligado a nada tal vez los periodistas deportivos peruanos no gustan explorar y escarbar en la historia, es derecho de cada uno hacer su oficio como mejor les parece. Por mi parte intento influenciar en los más jóvenes, cuando comparto con ellos o dicto clases, para que se animen a escribir. Siempre hay biografías que están esperando por un buen periodista que se anime a escribirlas. La mayoría de proyectos que he hecho son historias que a mi me gustaría leer y no las encuentro y me termino animando a hacer la investigación. Países como Argentina, Brasil o España tienen una literatura inmensa que podría servirnos de espejo y nosotros somos los llamados a ponderar y construir una biblioteca deportiva así de competitiva.

2015. Presentación de “Padre Nuestro” junto a Daniel Peredo, su hermano y su hijo.

¿En la época del Mundial Rusia 2018 se hicieron varias publicaciones que opinas de ellas?

Exacto. Esa fue una prueba que sí se puede. Hubo diez o doce publicaciones bastante interesantes pero luego se apagó la llama. Es alucinante que no haya un libro sobre Cubillas y los mundiales, que no haya una biografía de la jornada olímpica de Seúl 88 o el controvertido mundial de Argentina 78 que tiene para ser abordado desde la relación del fútbol con la política. Con decirte que la biografía de Claudio Pizarro fue escrita por un alemán.

¿Logras ser objetivo cuando hablas o escribes sobre Universitario?

No, yo creo que en general no se puede ser objetivo en la vida. Desde tu ropa, las palabras que usas, el encuadre de las fotos que escoges todo es subjetivo. Para mi se me hace muy complicado y hasta pesado porque cada uno tiene sus opiniones, pasiones, recuerdos y rasgos propios. Lo que yo intento es ser honesto con lo que veo, decir la verdad tal cual es. Sea buena o mala para mi equipo porque el evitar emocionarte con tus afectos es imposible al menos para mí. Cuando yo escribo lo que busco es que la gente se adhiera, polemice o discuta con lo que yo propuse en el texto.

¿Coincides con la expresión “El fútbol es lo más importante de lo menos importante”?

Si, yo creo que el fútbol alegra, emociona, ilusiona y brinda paz, no encuentro otra actividad y/o deporte que te brinde todo eso al mismo tiempo. Gracias a Dios el fútbol sigue siendo la menos importante de esas cosas que se llaman importantes, no quiero pensar qué pasaría si esas cosas se resolvieran por el resultado de un partido de fútbol.

¿En una crónica es más importante la historia o cómo la cuentas?

Considero que una muy flexible mitad y mitad. Recuerdo haber leído que El Veco dijo una vez que una historia que desde su narrativa no está diseñada para emocionar no existe. Es muy importante como cuentas la historia y para eso necesitas conocerla muy bien, ser curioso para encontrar los datos menores y retratarlos de una forma verosímil para el lector. García Márquez decía que una crónica es un cuento de la vida real, que la aspiración del escritor debe ser que parezca real a pesar de que es una invención.

¿Cuál fue el motivo o detonante para escribir tu libro?

El detonante del libro fue un peruano llamado Fernando Figueroa que vive en Suiza y encontró una foto de la camiseta número 18 con la que se jugó la final de la Copa Libertadores de 1972 entre Independiente de Avellaneda y Universitario de Deportes. Después de un arduo trabajo de inteligencia para comprobar la autenticidad de la misma, la fiabilidad del vendedor, la tasación correcta, el estado en que se encontraba y otros puntos más, la camiseta viajó de Argentina a Suiza a cambio de varios miles de dólares. La camiseta la estaba vendiendo la familia de un empleado de Independiente de Avellaneda a quién el arquero del “rojo” de esa época se la regaló luego de intercambiarla con el uruguayo Rubén Techera de Universitario quién la llevó puesta esa noche. Incluso a través mío el mismo ex jugador charrúa, dio fe de que era su camiseta original y ahora el coleccionista sabe que tiene la original en la sala de su casa en Suiza. Es increíble que Universitario no tenga ni una camiseta de ese partido tan memorable para su historia, es más ningún club peruano tiene un museo para que su hinchada pueda conocer, valorar y ponderar la historia de sus instituciones.

Miguel Villegas ha escrito un libro hermoso y valioso para amantes del fútbol.

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