Oswaldo Piazza, confesiones del técnico que está en el corazón crema

La hinchada crema lo recuerda por el equipo que bajo su mando fue campeón en 1998. ONCE tuvo una interesante y cálida charla en la cual Piazza cuenta pasajes íntimos de su vida y su paso por el fútbol.

Daniel Yaipén
Lima. - 9 mayo 2021

No hay hincha de Universitario de Deportes que no recuerde con afecto y orgullo al DT argentino Oswaldo Piazza. Ídolo en Francia y seleccionado albiceleste en su época de jugador; después, campeón del torneo argentino, de la Súper Copa y la Recopa Sudamericana con Vélez Sarsfield como entrenador.

Cuando llegó al Perú sorprendió por las valiosas oportunidades que les dio a los más jóvenes del plantel, quienes de la mano con los experimentados, le dieron el título en su primer año en el país.

En una charla con ONCE, Oswaldo Piazza recuerda las vivencias de su paso por Perú y confiesa por qué no fue parte de la selección argentina en el mundial de 1978.

¿Con quién tuvo el primer contacto para venir a dirigir a la liga peruana?, ¿Cómo lo convencieron después de haber sido campeón del torneo argentino, de la Super Copa Sudamericana y la Recopa?

El contacto fue directo con Alfredo González, él se consiguió mi teléfono y me llamó directo, me gustó como se presentó, su manera franca de hablar y que el reto era grande porque llevaban cinco años sin campeonar, e iban a hacer un esfuerzo grande para poder contar conmigo.

Siempre tuvo buena relación con Alfredo González.

¿Con los títulos que había conseguido no tenía ofertas de otras ligas más importantes?

Lo que pasó es que yo recién había rescindido contrato con Vélez cuando Alfredo me contactó, fue en el momento preciso y me gustó su empuje, el hecho de que querían un técnico que se fije mucho en las inferiores como yo y eso terminó por cerrar el trato muy rápido.

Piazza y Bianchi fueron compañeros en Vélez Sarsfield.

¿Por qué dejó Vélez si ganaban todo lo que jugaban?

Yo heredé el equipo de Carlos (Bianchi) cuando se fue a la Roma de Italia, faltando 4 fechas para que acabe el torneo argentino y logramos mantenerlo y salir campeones. Luego lo saqué campeón de la Super Copa y de la Recopa, en estos dos últimos torneos ya con un poco más de mi toque porque se nos fueron Bassedas, el ‘Turu’ Flores, el ‘Turco’ Assad y un par más que eran base del equipo de Bianchi, pero no tuve problemas en reemplazarlos porque es lo que había venido haciendo los años anteriores, siempre que le sacaban a alguien a Carlos del equipo volteaba a la reserva a ver a quién le tenía preparado (risas). Yendo a la pregunta decidí alejarme porque después de ganar la Recopa a River Plate, estábamos quintos o sextos en el torneo y la dirigencia filtró como que no estaban contentos con los resultados y que le diera oportunidad a tantos jóvenes. Así que fui a hablar de frente con el presidente en buenos términos, conversamos y decidí alejarme de la institución.

¿Cuál era el concepto que tenía del fútbol peruano de ese momento?

Yo siempre fui un admirador del fútbol peruano de los setentas y ochentas, pero tenía claro que en los noventas habían perdido el prestigio pero era un reto venir a un equipo grande como Universitario y poder sacarlo campeón después de varios años.

¿Cuándo llegó qué le sorprendió del fútbol peruano?

Me sorprendió el gran calor humano del pueblo y en especial de la gran hinchada crema. Yo vine con Alejandro Vasallo y Omar Jorge como parte de mi comando técnico y los tres coincidimos en ese punto. Después me encantó Campo Mar ‘U’ y como se trabajaba todo el día con los menores, prácticamente vivía ahí porque me quedaba después de las prácticas del equipo principal. Toda la gente que trabajaba allí eran espectaculares.

¿Y qué fue lo peor que encontró?

Apenas bajé del avión la primera pregunta fue ¿para qué vino Piazza a Universitario?, yo contesté a campeonar, lógico, y no sé, después salieron muchas críticas al respecto. Otro punto que me criticaron mucho fue el hecho de respaldar a Eduardo Esidio dentro del plantel después que dio positivo al examen de VIH. Dentro del club habían personas que querían rescindirle contrato pero yo me opuse tajantemente y ellos buscaron meter presión a través de la prensa amarillista, agresiva, sensacionalista y alguna veces malintencionada que existía en esa época en Lima.

¿Había gente dentro del club que no quería a Esidio por ser VIH positivo?

Sí y eran los que movían a estos medios para la crítica sensacionalista y poco humana. La ignorancia era grande, nosotros ya nos habíamos asesorado con especialistas de Argentina en el tema y teníamos un plan armado para llevar su convivencia con el grupo. No éramos locos para poner en riesgo a más personas pero tampoco lo íbamos a abandonar y eso que no fue un jugador que yo traje. Para mí era como que un miembro de tu familia se enferme, lo abandonas o ves cómo lo ayudas a superar el problema. Por eso el día que le ganamos la definición por penales a Cristal con gol de él, no pude contener la emoción y salí corriendo al camarín recordando lo que pasó a inicios de año.

Piazza supo respaldar a Esidio oponiéndose a que sea discriminado.

El proyecto con tanto juvenil en Universitario ¿fue por convicción o necesidad?

Un poco de los dos creo yo. González me busca porque sabía que era un formador pero creo que no se esperaba que tanto (risas). Con Omar Jorge muchas veces pasábamos todo el día allá viendo el trabajo y la proyección de las inferiores. Por eso cuando se lesionó el “Cheta” Domínguez no fui donde la dirigencia a pedir que traigan un back, yo sabía que tenía ahí al “Coco” Araujo, si bien era un chico muy joven, cumplió con buen juego y personalidad.

¿Qué otros casos tuvo?

Muchos. Nosotros hicimos debutar y dar continuidad a más de diez jugadores menores de 20 años. Mira, sólo en el ‘Lolo’ teníamos a 7 jugadores viviendo ahí entre semana, recuerdo que estaban “Polvorita” Carrión, Cordero, Cotito, Piero Alva, ‘Machito’ Gómez, Manuel Barreto etc. También estaban los que no se quedaban como Matellini, Ciurlizza o Marquillo pero eran parte de esa gran camada que tenía Universitario.

¿De ahí salieron los famosos Piazza´s boys?

No recordaba ese apelativo (risas) pero ojo ellos eran nuestra reserva para afrontar un torneo largo y duro como el peruano. Sin el apoyo de los grandes del plantel como Ibáñez, Carranza, Falaschi y demás que los recibieron de la mejor manera en todo sentido hubiera sido imposible. Tampoco hay que olvidar a los intermedios cómo el ‘Cheta’, Portilla, Guadalupe que fueron importantes y los refuerzos gravitantes en el gol del ‘Toro’ Cantoro y Esidio. En general tuvimos un gran plantel que basaba su fortaleza en el buen grupo humano que se formó.

Oswaldo confiaba mucho en los jóvenes de las canteras.

¿De esa camada que encontró quiénes lo impresionaron?

El primero ‘Machito’ Gómez, yo creía mucho en él porque tenía grandes virtudes para jugar al fútbol, no es fácil encontrar en un mismo jugador habilidad, fuerza, despliegue y buen pie para pegarle a la pelota por algo lo hice debutar con sólo 17 años. El otro que me gustó de entrada fue ‘Polvorita’ Carrión, tenía velocidad, gambeta, gol y atrevimiento para enfrentar a jugadores de mayor edad y experiencia.

¿Pensó que llegarían más lejos, por qué no fue así?

Creo que no se les protegió como ellos necesitaban, cuando yo me fui recuerdo haberle dicho a Alfredo González, mira bien a quién vas a traer porque tenemos chicos con mucho futuro pero necesitan una atención especial no sólo en el aspecto futbolístico sino también en el personal. Aparentemente el técnico que vino después no le gustaba mucho apostar por los chicos y es válido, cada uno tiene su estilo, y ahí se fueron perdiendo varios de los prospectos. Tampoco es una excusa, ellos también tuvieron que tomar responsabilidad de sus acciones y comportamiento. Yo recuerdo que a la Sub 20 de Perú nosotros aportamos 7 jugadores y estuvieron a un paso de ir al Mundial. Se había hecho un trabajo muy bueno con ellos para que vayan aprendiendo lo que era ser un deportista total tanto dentro como fuera de la cancha, lamentablemente a muchos no los ayudaba el entorno familiar y también esa prensa que no le importaba destruir con tal de vender.

¿Algún caso en particular que recuerde?

Una vez salió un periodista horrorizado porque vio a ‘Machito’ tomando una lata de cerveza y yo pensé: pero si yo me tomo doce latas (risas). En esa época había mucho encono y se lastimaba a la persona muy fácilmente. Se olvidaban que el futbolista también es un ser humano y muchas veces hacen un gran esfuerzo por cambiar, la mayoría vienen de barrios complicados y familias disfuncionales. Hay que confiar en ellos, protegerlos y a la par exigirlos para que puedan llegar consolidarse, eso hicimos con los chicos que vivían en el Lolo, por eso yo digo que más que un súper técnico yo era un educador.

Para Piazza, ‘Machito’ Gómez era el mejor de toda esa promoción.

Usted trajo a Mauro Cantoro y fue sensación, ¿en Argentina no destacaba igual por el nivel de la liga o por su estilo de fútbol?

No, el tema crucial en el fútbol es tener oportunidades que te den continuidad para demostrar lo que sabes hacer, incluso a mí me pasó como jugador. De mi generación en Lanús yo fui el último en debutar a los 20 años. A Mauro yo lo hice debutar en primera con Vélez pero no era el mejor momento del equipo y eso no le ayudó pero yo lo conocía de menores y sabía lo que podía llegar a dar por eso lo fui a buscar. Tú sabes que el primer préstamo de 6 meses fue a costo cero, ó sea, Mauro a la ‘U’ no le costó mas que su sueldo, y mira todo lo que rindió. No en vano después quisieron que juegue el Mundial para la selección polaca.

Cantoro fue una apuesta de Piazza y respondió con creces a las expectativas.

¿Después de ese 1988 espectacular por qué deja Universitario?

Yo me fui tranquilo porque al igual que cuando me trajo, Alfredo fue directo conmigo, me dijo que se le habían caído algunos sponsors y que económicamente ya no podía seguir haciendo el esfuerzo para contar conmigo. De esa época tengo siempre el mejor recuerdo porque me trataron bárbaro tanto la dirigencia, el plantel y la hinchada.

¿El regreso en el 2002 cómo se dio y por qué no salieron las cosas como esperaba?

Las cosas en Universitario estaban muy mal en el aspecto dirigencial pero no lo pongo como excusa, yo asumo mi responsabilidad. La culpa fue mía porque no averigüe bien lo que pasaba antes de venir. Si te pones a ver la ´U´ había campeonado con Cappa pero ni él ni sus principales jugadores se quedaron, ahí debí sospechar que algo estaba pasando con la dirigencia de Aspauza. Cuando llegué encontré que no se podía contratar a nadie, no se podía jugar en el Monumental, los jugadores no cobraban, a mí me echaron dos veces del hotel por falta de pago, imagínate, cómo se podía pretender hacer una buena campaña así.

Lograr cinco títulos en 14 años de entrenador es una estadística bastante respetable, ¿por qué decidió retirarse en el 2005?

En noviembre del 2004, Atlético Rafaela me contrata para intentar salvarlos del descenso, el campeonato acaba en mayo y llegamos a jugar la promoción que perdimos ante Huracán de Tres arroyos. Después de ese torneo sentí que había perdido la pasión por entrenar, hubo muchas cosas que ya no me gustaban de la profesión. Más allá de ser buen técnico o no eso no queda ahí, después llegas a tu casa y te sigue la radio, la tele, las redes y la familia lo sufre. Así que decidí que hasta ahí quedaba la carrera porque no vale la pena exponerse a la ira de tanta gente agresiva y fanática.

Después fue embajador del Saint Étienne ¿cómo se dio?

El fútbol es muy generoso, un día sonó mi teléfono y era el presidente recién electo del Saint Étienne que me conocía desde mi época de jugador y quería que fuera a trabajar con ellos. En esa época compraron el 51% de Talleres de Córdoba y me pasé tres años viajando unas diez veces al año entre Francia y Argentina, fue un desgaste muy duro que me obligó a dejar el cargo. Ahora con la pandemia extraño Francia que es mi segunda patria, antes no quería viajar más y ahora lo extraño mucho (risas).

Piazza es un ídolo en Saint Étienne.

Hablemos un poco de su época de jugador, 6 títulos y un tricampeonato en su paso por Francia. Lo vuelven un ídolo en Saint Étienne.

Tuve la fortuna de participar en un equipo que cambió la repercusión del fútbol en Francia. Nosotros logramos clasificar con un grupo modesto, unido y generoso a las semifinales de la Champions del ’75 y a la final en el ’76, en ambas caímos ante el Bayern Munich. Pero nosotros no teníamos el gran presupuesto, éramos de una ciudad pequeña minera, de gente de laburo y así con sólo dos extranjeros en cancha (Piazza y el arquero yugoslavo Curkovic) hicimos lo que nadie había logrado para el fútbol de ese país. Nuestros partidos fueron los primeros en ser televisados a nivel nacional y la gente por primera vez puso al fútbol por encima del rugby que era el deporte más popular. Esos años son inolvidables para mí a pesar que al principio fue muy duro.

¿Por algún motivo en especial le costó la adaptación?

Aunque no lo creas sí, y eso que yo venía de jugar en la selección argentina y todo lo que implica eso. Pero no entiendo hasta ahora por qué no daba pie en bola, no lograba acomodarme al ritmo y al estilo de juego de la liga, las primeras fechas realmente la pasé mal. Hasta que un día viene el técnico y me dice: vas a jugar de stopper. Ahí comenzó mi consolidación. Poco a poco le agarré la maña al puesto y ya no sólo anulaba al nueve, además me daba maña para anticiparlo e irme al ataque, lo cuál me permitió anotar varios goles importantes que hasta hoy en día el hincha del Saint Étienne los recuerda.

Piazza y su exitoso paso por Francia en el Saint Étienne, donde juega hoy el peruano Trauco.

¿Qué más le dejó Francia?

Mi paso por Francia me hizo crecer como jugador y mucho más como persona. Crecí culturalmente, le agarré gusto a la lectura y al cine y otros hábitos que te suman más allá del fútbol. Recuerdo que con el yugoslavo Curkovic paseamos por la alfombra roja del festival de Cannes. Imagínate dos futbolistas ahí, venían celebridades como Alain Delon a tomarse fotos con nosotros y decirnos que seguían nuestros encuentros. Esas cosas también te hacen reflexionar sobre lo mediáticos que pueden ser los futbolistas y lo importante que es no desubicarte y perder la cabeza con esos temas.

¿Tuvo algo que ver en la llegada de Miguel Trauco al Saint Étienne?

No, para nada, pero sí me llamó Néstor Bonillo —quién fue mi preparador físico en Almirante Brown de Argentina— a preguntarme cómo era el club, la ciudad, la idiosincrasia de la hinchada y todo eso para aconsejarlo al jugador. Néstor me comentó que era un chico que con Gareca habían llevado a la selección y al cual estimaban mucho. Aparentemente estaba entre dos posibilidades y ellos estaban averiguando todo lo posible para que él pueda elegir lo mejor para su futuro.

¿Recuerda cuál era esa otra posibilidad?

Te mentiría si te dijera el nombre del club pero si recuerdo que era alemán, me parece que pudo haber sido el Schalke 04.

Sabemos que ha tenido contacto con Miguel Trauco, incluso una vez almorzó con él ¿cierto?

Sí, es verdad, pero eso se dio por un tema fortuito. Yo mantengo contacto con varios chicos de mi época de Universitario y estuve de visita en Hamburgo y allí vive ‘Polvorita’ Carrión quién quedó en venir a visitarme y como ellos se conocen se dio el encuentro entre los tres.

Almorzando con Miguel Trauco y ‘Polvorita’ Carrión que vive en Alemania.

¿De qué conversaron?

Le dije que allá la gente le iba a pedir más que jugar lindo ser generoso en despliegue, tener mucho empeño, demostrar mucha garra porque así es al ADN de la ciudad, gente de laburo aguerrido y pujante. Sé que en algún momento le costó mucho porque más que un marcador él es un elemento importante cuando va al frente, tuve oportunidad de verlo una vez allá y lo noté muy dotado técnicamente, pero en esos momentos el equipo necesitaba más un marcador a la antigua. Me da gusto que con el tiempo haya podido adaptarse y ahora este jugando regularmente con eficacia.

¿Un jugador peruano de su época que le impresionaba?

Julio Meléndez, Chumpitaz en mi puesto, los de arriba estaban Sotil, Oblitas, Muñante, tantos buenos que es imposible mencionar. Tú sabes que cuando vino el director deportivo de Saint Étienne a Argentina una de sus prioridades era ver al peruano Meléndez, pero justo estaba lesionado y no jugó. Yo jugaba en Lanús, que estaba colero, y fuimos a enfrentar a Boca, que iba primero, en la Bombonera. Ese partido lo ganamos 3 a 2 con gran actuación mía y me terminan llevando a mí a Francia.

¿Algún jugador peruano por el que le preguntaron o recomendó?

Bianchi me llamó y me dijo: necesito un volante con carácter que pueda jugar de 5 y de 8 con buen pie y despliegue. Inmediatamente pensé en el ‘Chino’ Pereda, después me di cuenta que me estaba generando yo sólo un hueco pero ya lo había recomendado (risas). La historia luego ya es conocida, José viajo para allá y ganó con Boca todo lo que se le puso enfrente, en Perú tal vez no es muy valorado pero Bianchi y Boca recuerdan con respeto su paso por la institución. Cada vez que le tocó jugar cumplió a cabalidad en un equipo al que le sobraba calidad.

¿Descríbame en una palabra a cada institución y/o equipo?

Velez Sarsfield : Agradecimiento total y reconocimiento.

Saint Étienne : Lo mejor que me pasó como futbolista, mis sueños hechos realidad.

Universitario : Respeto enorme y recuerdo de su gran hinchada.

Lanús : Aunque me hizo sufrir para debutar (a los 20 años), mi club, mi corazón.

Selección Argentina : La gloria a pesar que no pude redondear con la albiceleste jugar un Mundial.

Piazza era llamado a ser el capitán en el Mundial Argentina ’78.

¿Por qué se perdió el Mundial del ’78?

Menotti viajó a Francia para decirme que me quería de titular y capitán en su zaga. A mi me sorprendió porque no nos conocíamos y ahí me contó que me había seguido en la Champions. Viajamos a Buenos Aires y a los pocos días mi esposa y mis dos nenas sufren un accidente automovilístico muy fuerte camino a Cannes. Mi señora tenía 7 fracturas en todo el cuerpo, mi hija la mayor doble fractura en el cráneo y la menor fracturas múltiples en todo el cuerpo. El presidente de la AFA me dijo tienes que viajar a ver a tu familia y me fui, a los días hablé con Menotti y me dijo: puedo esperarte 15 días más. Pero no fueron suficientes, aún toda mi familia seguía internada entre operaciones y terapias en el hospital de Marsella, no tenía cabeza para jugar, menos una Copa del Mundo.

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