Pedro Garay, el guaraní que capitaneó a Sporting Cristal

ONCE conversó con el capitán del histórico equipo del Sporting Cristal de los noventas. En esta entrevista, el aguerrido volante cuenta secretos de esa etapa que llevó al subcampeonato de la Libertadores 1997.

Pedro Garay. Foto: La República.
Daniel Yaipén
Lima. - 4 abril 2021

Un paraguayo llegó al Perú a mediados del 1992 y nadie se imaginó que se convertiría en protagonista estelar de la mejor campaña de un equipo peruano en los últimos 30 años. Pedro Garay Núñez fue uno de esos extranjeros que aportó dentro y fuera de la cancha. Llegó a Sporting Cristal a los 33 años con un estado físico y madurez futbolística que le permitió demostrar por qué había sido campeón tres veces de la Liga Paraguaya y seleccionado nacional guaraní en múltiples ocasiones.

En esta entrevista Garay nos cuenta sobre su llegada al Perú, su amistad con Jorge Soto, la convivencia en los camarines, lo que faltó en la final de la Libertadores de 1997 y su enfrentamiento con Markarián. Además confiesa el curioso pedido que le hizo a Ramón Mifllin y su inmenso amor por Sporting Cristal.

¿Cuál fue la trayectoria de Pedro Garay antes de llegar al Perú?

Comencé en la ciudad de Lambaré en el Capitán Figari de la segunda división paraguaya hasta los 19 años en que me fichó el Sol de América para jugar en primera. De ahí en el ’86 me firmó el Cerro Porteño, club en el que estuve 6 años, hasta que en el ’92 me prestan al Oriente Petrolero de Bolivia para jugar una Copa Libertadores. En ese club sólo estuve 6 meses y regresé, ahí fue que salió la oportunidad de llegar al Sporting Cristal.

¿Cómo se dio ese acercamiento con el equipo del Rímac?

Jacinto Rodríguez se encontró en el Jorge Chávez con Juan Carlos Oblitas quién estaba viajando a Paraguay para ver jugadores. Jacinto me recomendó con él y Oblitas vino a verme en un partido ante Guaraní, ese día me jugué un partidazo e, incluso, marqué dos goles. Adicional a eso en Cerro Porteño era dirigente Alejandro Montani quien es peruano y amigo de Juan Carlos, él también fue un apoyo importante para que la operación llegué a buen puerto.

¿Te convencieron rápidamente de venir?

La verdad yo estaba un poco indeciso y preocupado básicamente por el tema del terrorismo, pero tanto Alejandro como Juan Carlos hablaron conmigo, me explicaron un poco cómo manejarme para estar seguro y terminaron convenciéndome de ir. Algo que yo considero me hizo mucho bien. Cuando llegué a Perú fui a ver las 3 primeras fechas al equipo sin jugar, eso me dio una idea más clara de cómo era su liga, porque antes de eso mi única referencia futbolística de Perú era la selección cuando venía a jugar a Paraguay.

Juan Carlos Oblitas y Julinho en la Copa Libertadores 1997.

¿Cuál fue tu primera impresión de la Liga peruana?

Que era un campeonato con muchísima técnica y habilidad pero que a los jugadores les faltaba más carácter, más fuerza y eso fue lo que me propuse aportarle al Sporting Cristal, y creo nos fue bastante bien.

¿Fue tu paso por Sporting Cristal el más importante de tu carrera?

Yo creo que sí, a pesar de que en Paraguay conseguí 3 títulos nacionales (1 con Sol de América y 2 con Cerro Porteño) y 1 Torneo República, lo que viví en el Sporting es algo inolvidable e imborrable en mi vida. Definitivamente fueron los años más importantes de mi carrera deportiva. Conseguimos un tricampeonato al galope, arrasábamos con todos los rivales, estábamos en un nivel superlativo. Llegando en el ’97 a la final de la Copa Libertadores, como cierre de oro para esos años gloriosos con la camiseta celeste.

Sporting Cristal en la final de la Copa Libertadores del 97′.

¿Qué se siente que tus ex compañeros aún te sigan diciendo capitán?

Muy agradecido con ellos por el respeto y cariño, yo creo que se debe a la constancia y al carácter que ponía en cada jugada que disputé durante mi estancia en Perú. Te cuento una anécdota, yo llegué a Cristal con el año ’92 ya avanzado y me hicieron un contrato de sólo 4 meses. A pesar que el equipo no tuvo un gran año, yo creo que en lo personal tuve buenos partidos que me valieron que en diciembre me renovaran por un año más.

¿Y la anécdota?

(Risas) Ya llego a eso. El 31 de diciembre, bien temprano, me llama Don Pepe Vergara, que era el gerente en esa época y me dice que tenía que presentarme al club el 1º de enero. A mí me sorprendió mucho porque quién te pide regresar el 1º de enero cuando el 31 es año nuevo. Yo le pregunté a Don Pepe qué pasó, pero no me quiso soltar nada, así que no me quedó otra que acatar las ordenes. Recuerdo que llegué a las 4 de la tarde a Lima, un poco preocupado pensando que me iban a rescindir contrato por algún motivo que desconocía. A las 5 pm ya estaba en La Florida donde me esperaba el presidente Federico Cúneo y luego de una reunión de media hora me propuso ser el capitán del equipo para la temporada 1993. Para mí fue una gran sorpresa porque llevaba sólo 4 meses en la institución.

¿Por qué crees que sucedió eso?

Tal vez porque ellos se dieron cuenta que yo veía cosas en el plantel que no me gustaban e intentaba corregirlas.

¿Qué tipo de cosas?

Algunos jugadores que llegaban tarde a las prácticas y no ponían todo lo que podían dar el fin de semana. Yo reuní al plantel al comienzo de la campaña y les expliqué que para llegar al objetivo en común todos teníamos que seguir una misma línea de conducta. Recuerdo que pusimos reglamentos y multas para enderezar las cosas y aunque al principio costó, creo que no defraudé, el plantel se volvió mas profesional y unido. Ojo, el capitán no sólo se dedica a poner mano dura, también tiene que sacar la cara por el grupo para negociar los premios, beneficios y condiciones del equipó tanto a nivel grupal o puntual. Yo había tenido un gran capitán en Cerro Porteño llamado Justo Jacquet, de él aprendí muchas de las cosas que luego apliqué en mi carrera.

Más allá de que la directiva te nombró capitán ¿Cuándo te volviste referente del plantel?

Yo creo que cuando se logró el primer campeonato en el ’94. Ese año el plantel ya estaba bien enfocado en los mismos objetivos en común, fue como si el ’93 fue de aprendizaje. En ese momento el grupo ya estaba satisfecho con la línea a seguir, con las reglas que implementamos y ahí fue el inicio de los mejores años que tuvo ese plantel tanto en rendimiento como en unión.

Garay demostrando su sangre guaraní en cada pelota disputada frente a Gremio de Brasil.

Sabemos que sigues de cerca al equipo ¿para ti quién tomó la posta del liderazgo cuando te fuiste?

Claro, sé todo lo que pasa en Perú, que es mi segunda patria, sé del tema salud, político y obviamente del fútbol. Te cuento que yo armé un grupo de WhatsApp que se llama “Gloriosos Campeones” donde están todos los que fuimos parte de esas campañas. Están todos hasta los extranjeros que estuvieron poco tiempo, el hondureño Castro o el ghanés Amoako, incluso el gran Miguelito Linares está también. Yendo a tu pregunta, yo le dejé la posta a Jorge Soto, quien ya era un referente del grupo y un jugador sumamente identificado con la camiseta. Además, Jorge era uno de mis mejores amigos y compañero de habitación, creo que ya tenía claras las funciones de un buen capitán y lo hizo de la mejor manera posible.

¿Del equipo actual quién puede aportar eso que aportaba Cazulo, ahora que se retiró?

Cazulo fue un jugador que estuvo a la altura de ser un digno capitán de una gran institución como es Sporting Cristal, la fortaleza, el carácter y el comportamiento profesional que siempre demostró fuera y dentro de la cancha. En estos momentos no estoy conforme con la actitud de algunos jugadores, no veo esa fuerza y carácter que se necesita para jugar una Libertadores. Es un punto que me preocupa la verdad, yo suelo ver los partidos de Cristal muy seguido y es un punto importante a considerar, espero que Calcaterra o Merlo puedan asumir ese liderazgo y ascendencia que dejó vacante el adiós de Cazulo.

¿Tu mejor año desde el rendimiento profesional en Perú?

Definitivamente fue el ’95, ese año llegué al pico máximo de mi rendimiento y además aporte con varios goles, a pesar de mi posición. Nunca podré olvidar ese gol a Alianza en el Nacional que significó el bicampeonato.

¿El mejor plantel que integraste?

Tendré que decir el mismo año, porque ese Cristal jugaba de memoria, era un sueño jugar en un equipo así con tanta riqueza técnica. Estaban el “Chorri”, Solano, Jorge Soto, Maestri y Julinho. Éramos una máquina. A veces estando dentro del campo me detenía un momento a disfrutar el funcionamiento en conjunto que teníamos. Sabes, yo creo que con el “Chorri” y Flavio en el equipo, el ’97 salíamos campeones de esa Libertadores.

Garay festejando el gol del Bicampeonato ante Alianza Lima.

¿Mejor compañero desde el lado humano?

Si tengo que decirte uno tiene que ser Jorge Soto, con él parábamos como familia, es un gran amigo el ‘Camello’. Dentro y fuera de la cancha tenía una gran afinidad con él y su familia en general. De ahí tuve la dicha de tener muy buenos compañeros que me entendieron y aceptaron como su capitán. Sabes, nosotros teníamos un círculo bien redondo y fuerte que no permitíamos que nada lo rompa. Recuerdo que cuando las cosas no salían como queríamos, yo hablaba con la dirigencia y el técnico para seguir concentrados. Esa convivencia estaba llena de reuniones y así entendíamos lo que teníamos que hacer dentro de la cancha. Igual todos los martes en La Florida teníamos el ritual del churrasco después de las prácticas, recuerdo que el Viejo Balerio sólo practicaba un ratito y después se ponía a cocinar. Esas reuniones eran los momentos más importantes de la semana porque significaba la unidad del plantel completo que después se tradujo en los impresionantes resultados que obtuvimos esos años.

Cuentan que Balerio hincaba a sus compañeros cuando estaban rindiendo por debajo de su nivel ¿recuerdas una de esas ocasiones?

Recuerdo una contra Sullana jugando en el San Martín (ahora Gallardo), terminó el primer tiempo e íbamos empatando. El ‘Viejo’ entró con mucha furia, gritando y diciéndole cosas fuertes a Maestri, el tema en el entretiempo fue tenso pero después regresamos a la cancha y Flavio anotó uno o dos goles que nos dieron el triunfo. Son cosas que después los martes se conversaban sino era antes. Otro con el que también recuerdo episodios fue con Julinho, porque siempre hacía una jugada de más, Balerio renegaba y le decía que no juegue para el público sino para el equipo, que si quería hacer lujos que sean cuando el partido ya estaba resuelto, no antes. Hay que mencionar que esas guapeadas no las sentía sólo el jugador al que estaban dirigidas, las sentía todo el equipo.

¿Cómo era tu relación con él?

Bastante cercana, siempre hablábamos, yo le decía tú maneja toda la defensa y yo me ocupaba del mediocampo para arriba. Yo compartía la habitación con Jorge Soto pero el ‘Viejo’ siempre venía para conversar de fútbol y del equipo. Muchas veces me avisó que había alguna diferencia entre el plantel que yo no había visto y necesitaba que actúe. Era como mi lugarteniente, siempre preocupado porque el equipo esté bien, tenía esa vocación de líder, lo raro es que nunca quiso ser capitán.

Garay junto a Balerio y Miguel Linares, utilero de Cristal.

¿Mejor técnico en tu carrera?

En Cerro tuve al brasileño Waldir Espinoza, gran técnico y con buen manejo de grupos. Acá en Perú lo del ‘Ciego’ Oblitas fue extraordinario, yo le guardo un gran cariño, era como un hermano mayor para nosotros, compartía muchísimo con el plantel. Recuerdo que en las pichangas le metíamos bastante “taba” como dicen ustedes y a pesar que bromeaba bastante con los jugadores, nadie le faltaba el respeto. En las charlas y los partidos era distinto, él decía y nosotros acatábamos con mucho respeto. Le brindaba al plantel una seguridad y respaldo muy importantes y su afinidad con sus jugadores era al 100%.

¿Del que menos aprendiste?

Del ‘Chiqui’ García, ese colombiano que llegó a Cristal en el ’98. Por su culpa me tuve que ir del club y no pude cumplir mi sueño de retirarme con la celeste en el pecho. No tenía una ideología de juego, nadie entendía a qué quería jugar y como capitán tuve que trasladarle el mensaje y eso me trajo muchos problemas con él. Incluso hablamos con la directiva para decirle que no teníamos claro el planteamiento y así no le íbamos a ganar a nadie porque no entendíamos a qué quería jugar. Yo dejé el club a mitad de año y él tuvo que dejarlo al poco tiempo por los pésimos resultados. Recuerdo que después vino Franco Navarro que tomó el equipo y lo levantó. Imagínate con el ‘Pelao’ Ferreyra y Andrés Mendoza adelante se cansaron de hacer goles.

¿Qué tuvieron en el ’97 que no tuvieron los años previos para llegar a la final de la Libertadores?

Con la llegada de Markarián ganamos en carácter. A Sergio le gustaba que sus jugadores sean fuertes y agresivos en el buen sentido de la palabra. El concientizó a los jugadores que los partidos internacionales se juega distinto y eso fue fundamental. Markarián siempre repetía: “Ustedes saben jugar pero con eso no basta, para llegar a resultados importantes tenemos que pelear cada balón a muerte”. El plantel asimiló muy bien el mensaje y mira que le ganamos a Vélez en Liniers, e hicimos grandes partidos en Avellaneda y Oruro. Esa mentalidad le dio ese comando técnico al jugador de Sporting Cristal.

¿Qué les faltó esa noche en Belo Horizonte para alcanzar la gloria?

Para mí solamente el gol, si Julinho convertía ese gol ante Dida faltando menos de 10 minutos, el título era nuestro. A los pocos minutos vino el córner fatal para el ‘Viejo’ y los últimos minutos ellos se cerraron atrás y nosotros ya no pudimos emparejar el marcador.

¿Un jugador con tu perfil es incomodo para un técnico?

Yo considero que no, porque nunca me metí en el trabajo de ninguno de ellos. Siempre tuve claro que era un jugador más del plantel y podía ser sustituido en cualquier momento, pero sí hubo un tema con el profesor Markarián después de la Libertadores del ’97 que me molestó.

¿Qué pasó?

Cuando terminó la Copa, él nos dijo que algunos referentes como Balerio, Asteggiano, Julinho y mi persona íbamos a descansar un par de partidos para recuperarnos un poco, hasta ahí todo normal. Lo raro vino después. Yo hasta ahora no entiendo por qué él pensaba que nosotros ya no podíamos rendir más. No había pasado nada de tiempo desde la Copa. Intenté hablar con él pero las cosas se pusieron muy difíciles.

¿Qué hiciste ante eso?

Ya habían pasado más de tres partidos, el equipo no levantaba y a nosotros ni nos miraba. Tuve que reunir al plantel y como siempre que todos expresen su sentir sobre lo que estaba pasando. El resultado fue mayoritario, todos coincidimos en que no entendíamos la actitud que había tomado luego del partido en Belo Horizonte y sentíamos que lo mejor era que dejara la dirección técnica del equipo.

¿Y ese sentir cómo llegó a la dirigencia?

El presidente Francisco Lombardi me llamó para preguntarme qué estaba pasando con el equipo. Le comenté lo que estaba pasando y él decidió convocar una reunión entre la dirigencia con todo el plantel. Ahí cada uno habló a su manera y ya quedó en la cancha de la dirigencia.

¿Por qué crees que se dio ese cambio radical de Markarián hacia ustedes?

Mira, yo hasta hoy quisiera saberlo, me encantaría conversar con él para preguntarle el por qué de ese cambio tan brusco de pensamiento sobre nosotros después de la final en Brasil. Como te comenté, llegando a Lima nos reunió y nos dijo que nos iba a dar unos días de descanso por la Copa pero ya iban varias fechas y el equipo venía mal, nosotros estábamos preocupados y queríamos jugar.

Sergio Markarián, un gran técnico con complejidades de carácter.

¿Qué vino después de tu salida de Cristal?

Yo quería retirarme en Cristal, sentía al club como mi casa. Mi sentimiento por la institución lo llevo en el alma, pero por ese personaje que ya comentamos tuve que retirarme del club. Hasta ahora recuerdo que cuando lo echaron conversé con varios dirigentes y todos me decían que el tiempo me había dado la razón. Recuerdo que me fui a Paraguay y jugué un año en el Libertad, al año siguiente me llaman de Pesquero y regresé al Perú.

¿Cómo te fue en Chimbote?

Yo quería dar lo mejor de mí pero ya estando acá me di cuenta que no tenía las mismas ganas de jugar y tampoco quería enfrentarme a Cristal. Recuerdo bien claro que ese partido no lo jugué, antes del partido hablé con Ramón Mifflin quién era mi entrenador y me entendió.

¿Qué le dijiste a Mifflin?

Qué no le dije. Primero, que tenía problemas en una de mis rodillas pero eso como que no lo convenció, entonces le dije que por querer demostrar que se equivocaron al dejarme ir podía entrar tal vez demasiado fuerte a las jugadas y terminar perjudicando al equipo, tú sabes cómo jugamos los paraguayos le dije (risas). Pero la verdad es que no podía asimilar tener la celeste enfrente mío y no llevarla puesta. Nunca quise jugar en contra de Sporting Cristal.

Garay se siente sumamente identificado con la camiseta celeste.

¿Del plantel actual que jugador te gusta?

Me gusta Távara, creo que tiene unas condiciones técnicas excelentes. Lo que le falta es más recorrido, un poco más de carácter y recuperación de balón. Lo bueno es que está bien acompañado por Calcaterra que hace el recorrido y lo complementa bien.

¿Te gustaría regresar a Cristal, alguna vez la dirigencia te propuso algo?

La verdad que nunca, incluso cuando estaba el ‘Chino’ Benavides de gerente yo fui el que le dije sino había alguna posibilidad de trabajar en Cristal en menores o alguna otra área. Yo soy entrenador graduado de fútbol, estuve en el 2014 por allá dirigiendo en Copa Perú. La dirigencia actual no me conoce pero considero que es muy importante que en una institución siempre haya gente que sienta la identidad del club. Que sepan lo que es defender ese escudo en torneos internacionales, para transmitirle ese sentimiento a los más chicos y entiendan la responsabilidad que significa ponerse esa camiseta en el pecho.

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