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Perú 2- Ecuador 2: Gareca y Lapadula rescataron a un Perú adolescente

Venían de una victoria vibrante ante Colombia, pero ante un Ecuador deficiente regalaron el primer tiempo. Gareca puso orden en el vestuario y con una gran actuación de Lapadula rescatamos un punto.

Umberto Jara
- 23 junio 2021

La vieja frase “Se juega como se vive” tiene una inmensa vigencia. Nos encanta dilapidar lo que no tenemos. Nos ocurre en el país y en fútbol. Salimos de una derrota con un capital ganado y en el siguiente encuentro lo jugamos todo a la bartola. Descuidados, despreocupados, lo rifamos todo creyendo que las cosas caen del cielo o que basta la oración al Señor de los Milagros en el vestuario. Hasta que tiene que venir alguien a poner un grito, a poner orden, a recordar las tareas, a exigir las obligaciones. Alguien que se encarga de hacer que se retorne a la realidad. Siguiendo la frase “Se juega como se vive” llegamos a la conclusión de siempre: en este país, vivimos como adolescentes irresponsables dispuestos a no llegar nunca a la madurez. Podemos crecer como país o podemos ir a un Mundial y es lo mismo: no avanzamos. De ahí que la escena futbolera clásica de los últimos tiempos es la imagen de Ricardo Gareca con un dedo en cada sien diciendo “Pensá, pensá”. De eso, de pensar, de entender, solemos olvidarnos.

Gareca, su gran oficio como DT puso orden en el entretiempo.

Duro trabajo el de Gareca. Si nos ponemos un instante en sus zapatos, solo queda darle un abrazo solidario. A él y a su comando técnico. Uno imagina el fastidio que debe sentir al observar ese fatal primer tiempo en una Copa América y luego la cólera que lo debe envolver cuando ve que les hacen un gol en los últimos segundos. Todo lo que pasará por su cabeza mientras se dirige al vestuario en el entretiempo. Debe ser durísimo pensar que con ellos tiene que lidiar. Contra Ecuador estuvieron los mismos jugadores que le ganaron a Colombia. (Trauco es pieza antigua de ese elenco). Fueron los mismos a quienes les dio la charla técnica un par de horas antes, los mismos a los que arengó antes de que salgan a la cancha y en la cancha volvieron a sus errores antiguos, a los errores que se supone corregidos, a los mismos disparates. Su conducta solo es comparable con la conducta de un adolescente. Y en esos quince minutos de descanso, Gareca, ese hombre flaco, inteligente, paciente tiene que volver a conectar todo lo que ya creía conectado. Tiene, nuevamente, que sacudirlos, recordarles que saben jugar y que representan a un país. Lo increíble es que lo logra. Y esos mismos once fantasmas del primer tiempo se convierten en protagonistas y empatan un partido que estaba perdido y pintaba para humillante goleada. Duro trabajo el que tiene ‘El Tigre’. Y su paciencia infinita porque no es la primera vez que tiene que salvar un resultado en el vestuario y en quince minutos.

Lapadula anota su primer gol con la camiseta de la selección peruana.

Gianluca Lapadula, un gol, una asistencia y un magnífico trabajo.

¿Por qué el Perú que venía de derrotar a Colombia perdía 0-2 en el primer tiempo contra Ecuador? Porque el equipo volvió a dos taras que no terminan de superar: la desconcentración y el creerse superiores. Quien conozca ese vestuario peruano sabe que lo más peligroso después de un triunfo es el partido siguiente. Ese es un gran peligro. ¿Por qué? porque varios de los jugadores se sienten cancheros, ganadores. Venían de ganarle a Colombia y habían derrotado hace unas semanas a ese mismo Ecuador en su propia casa. Pensaron que el triunfo estaba cantado. Quienes los vieron calentar antes del encuentro en el césped del estadio Olímpico Pedro Ludovico, pudieron notar que no hicieron los movimientos previos concentrados, atentos, conscientes de que jugaban un partido necesario para conseguir la clasificación. Estaban distendidos como si sus cabezas no estuviesen enfocadas en dar todo. En síntesis, el equipo no estuvo conectado de manera colectiva. Estaban en modo amistoso.

André Carrillo anota el gol del empate que salvó un punto clave.

Carrillo festeja. Empieza a jugar con entrega en distintos sectores del campo.

Cuando eso ocurre, a veces las individualidades salvan pero en el primer tiempo contra Ecuador el veterano Ramos anduvo desordenado; Renato Tapia no hacía pie por esa vanidad de creerse el gran jugador que no es y termina cometiendo errores constantes o se entromete en la posición de los defensas centrales incluso para meter un autogol; Yotún que suele ser el patrón de ese mediocampo parecía haberse quedado en el vestuario. Si no hay equipo y las individuales se apagan, se termina jugando como ese Perú de los primeros 45 minutos.

Hay un vacío aún peor: es un equipo que carece de un líder en la cancha. Una voz que ordene y obligue, por ejemplo, a retener el balón o a tenerlo lejos del arco propio en los minutos finales. No existe. Y por eso llegó el gol ecuatoriano en los últimos segundos de un primer tiempo en el que era obligatorio irse con el 0-1 al vestuario pero no con un 0-2 imperdonable que terminó costando dos puntos.

Christian Cueva, sigue en bajo nivel. Apenas chispazos aislados.

Del segundo tiempo hay poco que decir. Volvió el equipo. Volvieron a jugar fútbol. Volvieron a tener respuestas, Y, sobre todo, volvió a estar presente el arquero firme y consolidado que es Pedro Gallese y, sobre todo, ese gran jugador que es Gianluca Lapadula, un futbolista que sabe caminar la cancha, que sabe estar bien ubicado, que no pierde la concentración y que sabe ser generoso. Gracias a él, a un gol y una asistencia, logramos sumar un punto.

El plantel que necesita convencerse de que cada partido es una final.

¿Lo que viene? Quién sabe. Desde la lógica habría que sumar tres puntos contra Venezuela. Pero los adolescentes no tienen lógica y necesitan la reprimenda del padre. ¿Saldrán a jugar entendiendo que están compitiendo en un torneo continental? ¿Recordarán a cada instante que están en una Copa América y que sus actuaciones se registran en la historia? ¿O volverán a ser los adolescentes irresponsables que vimos en el primer tiempo de esta noche? Quién sabe. Hasta son capaces de llegar a la final o volverse en el próximo avión.

Duro trabajo el de Ricardo Gareca y su comando técnico. Ardua tarea lidiar con ese material. Difícil trabajo. Por los resultados que Gareca y sus colaboradores logran, merecen todo el reconocimiento. Ante Ecuador, Gareca y Lapadula rescataron ese punto que hoy nos hace pensar en que es posible clasificar a la siguiente ronda.

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