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Perú ante Colombia, en busca de los puntos perdidos

Este viernes 28, en el estadio Metropolitano de Barranquilla, incas y cafeteros se juegan la clasificación. Aquí una mirada al lugar que tiene Perú, al lugar que pudo tener y el por qué de las oportunidades perdidas.

Umberto Jara
- 23 enero 2022

En el camino al Mundial Qatar 2022, estamos quintos con 17 puntos. Si uno afirma que podríamos estar en un cómodo cuarto lugar con 21 puntos, quizá la reacción del lector sea burlona y más burlona aún puede ser si afirmamos que, si quedamos fuera del mundial, será por errores nuestros y no por virtudes de los rivales.

Tabla de posiciones Eliminatorias Qatar 2022

Hagamos un poco de memoria y encontremos los puntos perdidos o, mas propiamente, los puntos que, razonablemente, no se debieron perder. En Lima empatamos a uno ante Uruguay desaprovechando un triunfo que era posible y que se desvaneció porque el central Santamaría quiso salir jugando allí donde había que reventar el balón. Uruguay se llevó un empate refugiándose en su área sin ningún pudor y Perú desaprovechó ocasiones. Dos puntos perdidos. Luego, en la diabólica altura de La Paz, con Bolivia con diez hombres, veníamos sacando un empate a cero hasta que en el tramo final, en el minuto 82, a Cueva se le ocurrió hacer un lujo que terminó en contraataque y derrota 1-0. Un punto perdido. Finalmente, en Buenos Aires ante Argentina el penal errado por Yotún nos dejó el empate. Otro punto perdido.

Cuatro puntos que sumados a los 17 que tenemos darían 21 y la tabla diría que Perú está a 2 del tercero (Ecuador), a 4 por encima del cuarto (Colombia) y a 5 por encima del sexto y séptimo (Chile y Uruguay). Es verdad que este ejercicio, en términos reales, no sirve porque lo incontestable, lo real, lo cierto es que estamos quintos y dependemos casi de milagros. Pero el ejercicio, además de insumo para la charla futbolera, sirve para dar una mirada a lo que somos como selección de fútbol y lo que somos como país.

Carrillo y Cuadrado, dos figuras claves del encuentro.

Sobre lo primero, se ratifica que el más grande acierto fue la decisión de Juan Carlos Oblitas de contratar a Ricardo Gareca como director técnico de la selección peruana. El primer e incontestable mérito del técnico argentino es haber logrado clasificar a Perú a un Mundial después de 36 años de ausencia. Ese mérito es tan frondoso que está ocultando otro que es enorme. Nos referimos a que es todo un logro el estar dando pelea en puestos de clasificación a Qatar 2022 con un equipo inferior al de Rusia 2018 y, sobre todo, con un equipo que no tiene delanteros, con excepción del valioso aporte de Gianluca Lapadula.

Que el Perú actual siga en competencia obedece al talento —quizá sabiduría sea el término— que Gareca tiene para hacer jugar a un equipo que no tiene una sola figura de sólido renombre contra elencos cuyos integrantes militan en la Premier League inglesa, la liga española o el calcio italiano. Puestas las alineaciones en un escritorio y comparadas uno a uno, el Perú, en este ejercicio de teoría, tendría que estar en el sótano, como solíamos estar en las eliminatorias —con excepción de Francia 98 proceso que tuvo otro DT con sapiencia como Oblitas—. Entonces, ¿cómo puede ser que Perú siga en competencia con un equipo no solo escaso de figuras sino sin jugadores de recambio y soportando dos pandemias: la del coronavirus y la gestión de Agustín Lozano? Existe una sola explicación: el talento de Gareca, el trabajo de su comando técnico y también la silenciosa labor del gerente de selecciones Antonio García Pye, quien, por ejemplo, logró destrabar el conflicto que casi deja a Perú sin Lapadula para esta fecha doble ante Colombia y Ecuador.

Lapadula presiona al defensor colombiano.

Esto lleva a una c0nclusión preocupante. Cuando concluya el ciclo Gareca, el fútbol peruano, que no trabaja seriamente con las divisiones menores, es candidato a entrar a la debacle anterior: crisis de nuevos jugadores, crisis de competencia y otra vez al sótano.

El otro aspecto que muestra las eliminatorias al Mundial Qatar 2022 ya tiene que ver con el país. Aunque muchos no lo admitan, el fútbol refleja la vida cotidiana porque los jugadores, más allá de su rol de deportistas, no dejan de ser ciudadanos, siguen siendo peruanos criados bajo las reglas y el estilo de un país básicamente informal. Si esta vez hemos perdido la oportunidad de estar en un cuarto lugar con buen puntaje y sólida expectativa de clasificación se debe, como hemos anotado al inicio, a los puntos desperdiciados y desaprovechar las oportunidades es algo propio de la peruanidad. El historiador Nelson Manrique tiene una reflexión lúcida que es todo un retrato aplicable al país y también válida para el fútbol:  “Nos definimos por lo que no somos, o no tenemos, o por lo que nos faltó para ser. El país de las oportunidades perdidas”.

Ojalá que al cierre de las eliminatorias no tengamos que hacernos, una vez más, la eterna y áspera pregunta de Zavalita, el personaje de Vargas Llosa en Conversación en la Catedral: “¿En qué momento se jodió el Perú?”

Por ahora, vayamos a Barranquilla con el mensaje del filósofo Cuto Guadalupe: “La fe es lo más lindo de la vida”.

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