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¿Quién fuiste, Johan? (Parte II)

Johan Cruyff y Hugo Sotil, amigos y compadres.
Redacción ONCE
Lima - 28 marzo 2021

Michels llevaba dos años por Barcelona sin fútbol ni trofeos. Pero decir eso entonces no era como decirlo ahora. En 1973, aquello formaba parte de la normalidad relativa. De la normalidad porque el Barça llevaba 13 campañas sin celebrar una Liga; y relativa porque, a pesar de los resultados, el gigantesco potencial del club siempre estuvo latente. Por masa social, por significado, por capacidad económica y también por ese pasado que, aunque quedaba cada vez más lejos, le distinguía como parte de la aristocracia. No en vano, no podría existir mayor prueba de su estatus que el propio hecho de seducir y fichar a Cruyff. Tras una serie de problemas burocráticos y algunos sucesos más, el mejor jugador del mundo recaló en el frío Camp Nou.


“Cruyff tiranizó su primera Liga española, pero el Barcelona no le permitía ser quien era en Holanda.”


Lo primero que notó Cruyff fue que aquí no se tocaba el balón como hacían los holandeses. Había gente para asociarse, como Charly Rexach, uno de esos futbolistas que perdieron tanto que no pudieron escribir en los libros lo buenísimos que eran, porque la historia la cuentan los vencedores; pero, en general, el nivel técnico de aquel conjunto no era una exquisitez. Así que aquello de tener la pelota siempre no iba a ser tan, tan posible. Porque, encima, había otro inconveniente: el fútbol en España no era territorio ignoto. Se trataba de un país que había logrado seis Copas de Europa de clubes, una Eurocopa de Naciones y que había visto a un sinfín de superclases desde el principio del deporte. Había una cultura ya instalada, y aquellas cosas que hacía Cruyff donde no existía pasado, aquí, parecían extravagancias. Ni Michels se atrevió a registrarlas.

Aunque sí fue cierto que el Barça jugó en un 4-3-3 y que a Cruyff se le concedieron dos permisos especiales: intercambiaba la posición con el delantero (delantero, no jugador) que deseaba y asumía un rol defensivo hecho a su medida. SOTIL, UN SOCIO TÁCTICO PERFECTO PARA CRUYFF Por resumirlo, se labró una relación táctica muy directa con el “9” peruano “Cholo” Sotil, un tipo queridísimo por la grada que marcaba un montón de goles y a quien el Barça había descubierto mientras vigilaba a Teófilo Cubillas. El truco no revestía complejidad: cuando los culés atacaban, Cruyff era extremo izquierdo y Sotil, ariete; y si los culés defendían, Sotil trabajaba la banda y Cruyff, el centro. Y a partir de ahí, se explicaba el juego. Si se abría, darle la pelota al “14” costaba menos trabajo, y una vez controlaba, ya podía organizar y crear, potenciando el olfato del Cholo, la clase de Charly y la llegada de Asensi y Marcial, que carecían de la finura de Mühren pero constituían valores ofensivos bastante superiores al promedio de la Liga. Una vez fraguaron los mecanismos, el Barça fue una trituradora. Muchas goleadas llegaron entre diciembre y el mes siguiente, si bien la más legendaria se hizo esperar hasta el 17 de febrero: un 0-5 en el Santiago Bernabéu.


“Cruyff llegó al Mundial del 74 como una de las personas, en general, más célebres del momento.”


El Barça recuperó la Liga con rotundidad y, sin duda, gracias a Cruyff. Antes de su debut, que se produjo en la jornada ocho, el equipo había mantenido un hilo de dos victorias, dos empates y tres derrotas. El punto de inflexión que el holandés supuso se quedó fuera de cualquier debate. Su fama, su carisma, su imagen, la belleza de su fútbol y su implicación con la sociedad catalana acabaron de perfilarlo como una superestrella mediática sin respuesta para la época. Y aquello sembró una esperanza -que no confianza- en la grada del Camp Nou. Pero, por desgracia, no sería correspondida. En especial, porque, más allá de las pequeñas historias que relataremos más abajo, Cruyff, el futbolista, estaba a un tris de vaciar su alma. Le llamaba la gloria: el Mundial de 1974. El sueño de un sueño.

Selección de Holanda de 1974. Conocida como la Naranja mecánica.

“La Naranja Mecánica” fue un acontecimiento que no solicita presentación. Basta con recordar que el maravilloso Ajax Tri-Campeón rescataba a Cruyff y adquiría las mejoras de cuatro inclusiones excelsas: Rijsbergen, Jansen y Van Hanegem (estrellas del Feyenoord que también conquistó Europa), y el extremo izquierdo Resenbrink, ponderado por no pocos especialistas como el segundo gran talento de la generación del Flaco. Dirigidos por Rinus Michels, lo cual equivalía a contar con el sistema y con la identidad que en Holanda sí inspiró, cristalizaron en un equipazo que porfía, con la Brasil del 70, por ser considerada la selección más querida de las 20 Copas del Mundo. Pero perdieron la Final porque Beckenbauer se vengó.

Franz, que acababa de ganar su primera Copa de Europa, conservaba intacto en su memoria lo del 4-0 del 73: Cruyff le había embotellado y no había habido modo humano de superar la presión consecuente. Y con la suma de Van Hanegem, la Oranje emulaba el movimiento con más prestaciones si cabía que su Ajax mitocondrial. Según los cálculos del Káiser, la única manera de no volver a sufrir lo mismo debería partir de la base de no ser encajonado; Alemania no podía meterse atrás por mucha posesión que acumulasen los holandeses. Y, por supuesto, cuanto más lejos anduviese Cruyff de la zona más ardiente, mejor.


“El portero Maier, en una actuación antinaturalmente mágica, privó a Cruyff de la Copa del Mundo.”


El marcaje al hombre que efectuó Vogts fue el gran legado de la carrera de este. Menuda lapa ultra física. No lo dejó a cero, no lo hizo ni aunque ignorásemos la fascinante acción del minuto 1, pero durante el resto del encuentro, consiguió alejarlo del peligro y que cada cosa que hiciera le costase mucho más de lo corriente. Y Alemania, como grupo, lo exprimió. Fue la primera vez que se divisó un sistema defensivo tan adelantado en un equipo que no iba a amasar ni un 40% de posesión. La actividad protectora germana comenzaba desde el primer pase holandés, lo que derivó en que Michels retrasase a su centro del campo y en la creación de un espacio en la mitad enemiga que Beckenbauer iba a saber emplear. Él, Breitner y Hoeness comandaron transiciones que no envidiaron en daño infligido al causado por los de Cruyff hasta la última media hora. Durante esta, con 2-1 en el luminoso, Holanda quemó sus naves haciendo llegar a sus dos interiores en cada ataque, mientras Cruyff, ejerciendo de base, capitaneaba el toque de corneta. Perdieron solidez, pero crearon ocasiones suficientes como para meter tres goles. Sepp Maier, cancerbero de reflejos superheroicos, completó el milagro de sobrevivir y dio el Mundial del 74 a su Alemania anfitriona.


“Cruyff siguió jugando como un crack, pero nunca recuperó el nivel que se dejó en aquella gran Final.”


Cruyff no volvió a ser el mismo. Destacaba, claro; pero no de la misma manera. Algunas voces aludían a supuestos problemas físicos que nunca se confirmaron -se decía que le aplicaban sesiones de acupuntura, que para la época era como decir que le curaba una bruja en la choza de su montaña-, otras citaban temas financieros… La verdad es privada y pertenece a su familia. Pero cuesta mucho disociar su sensible bajón de lo ocurrido en la Final contra Beckenbauer. Por primera vez en su carrera, se le había escapado una oportunidad que no se le volvería a conceder. El máximo ya no era una opción. Y aunque convertir al Barça en el gigante en el que lo convirtió más tarde implicaba un reto mayestático, todo el mundo ha escuchado la famosa frase de Messi: “Cambiaría mis Champions Leagues por un Mundial con Argentina”. En cualquier caso, antes de colgar las botas, protagonizó varios episodios llenos de fútbol e interés. Sobre todo, porque plasmaron ese escenario de histeria y desatino que, en los dulces 90, arreglaría sentándose en el banquillo.

La temporada 1974/75 comenzó con un cambio de cromos un tanto delicado: Neeskens vino a ocupar la plaza de extranjero que, hasta ahí, correspondió a Sotil. Es decir, un hombre cuya posición ideal era la de Asensi o EL FICHAJE DE NEESKENS TUVO CONSECUENCIAS Marcial, dos nacionales de peso, dejaba sin ficha ni sitio al delantero con quien Cruyff se repartía los espacios. Y encima, era holandés, como el propio Flaco y el míster, con las suspicacias que ello levantó en una sociedad española que era tan insegura y desconfiada como lo es en el presente. En cualquier caso, yendo al juego, no funcionó como se esperaba. Sotil halló relevo goleador en la figura de Manolo Clares, pero ni la química táctica con él era la misma, ni su relación con el Camp Nou tampoco. El Madrid le sacó 13 puntos al Barça en una Liga de 34 partidos donde las victorias sumaban sólo dos. Y el Leeds United, con una labor individual de Trevor Cherry sobre Cruyff que todavía se rememora en Las Islas, lo expulsó de la Copa de la Europa en el penúltimo de sus partidos.


“Cruyff obligó al presidente del Barcelona a elegir entre él y su nuevo entrenador, Weisweiler.”


Rinus Michels salió en globo y llegó un señor alemán que se llamaba Hennes Weisweiler. En España fue y es vilipendiado, pero no era ningún cualquiera: supo construir en la Bundesliga un proyecto excepcional que arrebató títulos al mismísimo FC Bayern Múnich del Káiser Beckenbauer: el Borussia Mönchengladbach de Günter Netzer. Netzer fue el más reputado centrocampista pasador de la década de los 70, un jugador que, por momentos, parecía Maradona sin regate, o un Platini con menos gol que el real que superaba a este en todo lo demás. Ese era el gusto de Weisweiler. El problema residía en que su camino para desarrollarlo se parecía más al habitual en Van Gaal que al escogido por Guardiola: no cedía ante ningún futbolista; aplicaba su método y su sistema y eran los cracks, y no él, quienes debían acometer el sacrificio de la adaptación. A Cruyff le ordenó que actuase de “9”. Sólo de “9”. Y qué se puede contar más allá de que con la iglesia había topado. Lo de Rivaldo y Van Gaal, al lado de aquello, fue “La Aldea del Arce” comparada con “Los Soprano”.

Weisweiler fue destituido para euforia del Camp Nou. Y, en una muestra de lo que era el Barcelona de la época, Michels regresó a la entidad para ver si sonaba la flauta. Cruyff se sabía responsable, invirtió toda la energía que le restaba dentro y firmó su segundo mejor curso como estrella de los azulgranas, perdiendo la Liga por un solo punto frente al Atlético de Madrid. Debe apuntarse que se trató de uno de los desenlaces más polémicos del relato del campeonato nacional. En un envite frente al Málaga en casa en el que el Barça no tuvo fortuna con el colegiado, Cruyff resultó expulsado por, supuestamente, propinarle a este un insulto (aunque siempre defendió que se dirigió a Clares y que dijo “Manolo, marca ya” -él decía cosas así-) y fue sancionado con tres partidos de suspensión. Sus compañeros empataron uno, perdieron dos y la Liga se escapó de entre los dedos. No le quedaba nada por ofrecer. No como futbolista. Y el preámbulo terminaba.

Tomado del portal Ecos del balón.

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