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Si los errores sumaran puntos, Perú sería líder

Un error más otro error nunca suman a favor. Pero el seleccionado peruano tiene una gran atracción a equivocarse. En Santiago de Chile otra vez tres puntos posibles tirados al tacho.

Umberto Jara
Lima - 14 noviembre 2020

El fútbol se suele definir como un deporte en el que gana el que aprovecha los errores del rival. Es una definición tan simple como certera. Si aprovecho tus errores, voy a derrotarte. Y si sabes aprovechar los míos, me vas a ganar. Allí radica el gran problema de Perú: es una selección que parece tener una adicción al error. Sabe que le hará daño equivocarse pero incurre en el error. Y por partida doble: se equivoca a favor del rival y cuando el rival se equivoca, tampoco aprovecha la oportunidad.

Toda adicción es fatal. Y esta adicción al equívoco se resume en dos puntos perdidos con Paraguay por errores propios y no por virtudes del rival; tres puntos ante Brasil porque los tres goles fueron yerros nuestros aunque la excusa haya sido culpar a un árbitro mediocre. Y en la noche en Santiago, la lista de errores fue mayor.

El primer equívoco tiene que ver con el planteamiento del partido. ¿Se equivocó Ricardo Gareca o los jugadores no entendieron nada? Perú enfrentó a un Chile compuesto por veteranos conocidos y por veteranos que habían sido suplentes en la época dorada de un Chile que ya no existe. (Ver https://once.pe/este-es-el-chile-de-veteranos-al-que-peru-decidio-respetar). En el campo estuvo un Chile débil, sin brillo y, lo más notorio, un Chile sin ataque. A ese elenco, Perú decidió entregarle el balón y ¡esperarlo en campo propio¡. El planteamiento pareció pensado para enfrentar a una selección chilena de la Copa América 2015, es decir, a un equipo que ya está en el álbum de los recuerdos. En la cancha estuvo la selección sureña real, la de hoy: discreta, sin talento, sin agresividad y sin delanteros. Y a ese equipo Perú decidió jugarle replegándose cerca al arco de Gallese.

Gallese, tiene doble tarea: los delanteros rivales y los problemas creados por sus laterales .

El mediocampo fue el mismo que arrancó contra Brasil: Tapia, Aquino y Yotún. Pero no hubo presión alta y no hubo algo esencial: la recuperación del balón. Estuvo ausente esa simple y perfecta lección de Johan Cruyff: “Si tú tienes el balón, el rival no lo tiene”. Y ya se sabe que los goles los hace quien tiene la pelota. ¿Fue indicación del técnico o los integrantes del mediocampo —zona esencial— fueron quienes decidieron entregarle el control del partido a Chile?

Cuesta creer que haya sido Gareca. Pero también cabe pensar que el prócer no es infalible. Lo concreto es que sea por error del DT o de los jugadores o de ambos, el partido no lo ganó Chile, Perú decidió perderlo equivocándose por tercera vez en estas eliminatorias.

Los errores son un dolor de cabeza.

En cuanto a la actitud, la responsabilidad fue exclusiva de los jugadores. Apagados, lentos, desordenados y, lo peor, sin alma y sin concentración. En el primer gol Renato Tapia —otra vez Tapia— andaba pegado a los centrales, fuera de su posición, y dejó en entera libertad a Vidal para que el chileno saque ese espléndido disparo al ángulo. El segundo gol fue una muestra conjunta de la adicción a equivocarse. Yotún perdió un balón en el medio campo y Chile dispuso de 50 metros sin obstáculo alguno para actuar con tranquilidad; primero, Orellana centrando cómodo sin que lo apriete Trauco, después Gallese dejando pasar un balón llovido al área chica y, como corresponde, el broche final a cargo de Luis Advíncula, otra vez en acción esa tromba que no piensa, generando el rebote que, nuevamente Vidal sin marca, la mandó a guardar.

En la lista de errores asoma uno repetido: la oportunidad para hacer cambios. Si se trata de Cueva el cambio es rápido: entró antes de que termine el primer tiempo. Si se trata de otros jugadores, se alarga la decisión y se pierden minutos valiosos. Perú se fue al vestuario perdiendo 0-2 y con una imperdonable falla de Ruidíaz que habría significado el 1-2 para abrir el segundo tiempo con mejor pie. Hasta el aficionado menos entendido daba por sentado que tras el descanso se venía el debut de Lapadula pero no, Ruidíaz siguió consumiendo minutos necesarios para remontar un resultado. En realidad, los tres primeros partidos del torneo más duro del planeta, Perú los jugó con 10 jugadores y el invitado Ruidíaz con el mejor asiento en tiempos sin espectadores. Un costo excesivo cuando se sabe que en las eliminatorias el error se paga a precio alto.

Ruidíaz, un goleador sin gol en la selección. Su adiós ocurrió en Santiago.

Hablando de cambios asoma también un tema. El partido no fue intenso porque Perú decidió jugar a ritmo de entrenamiento y por eso no hubo gran desgaste físico, pero se hicieron cinco cambios. Entonces, ¿significa que no hubo una idea muy clara de cómo jugar desde un inicio al punto que hubo que cambiar a medio equipo? ¿Por qué ocurrió eso? ¿No estaremos ante el problema de que la selección se está armando en base a aprecios y no en base a realidades?

La muestra más nítida es el caso de Luis Advíncula. Un jugador que está destinado a volver a ser suplente si se miran las cosas con frialdad. En términos de ofensiva no cumple con lo que debe hacer un lateral: subir hasta el fondo para terminar en posición de ataque o para lanzar un centro. No lo hace. Avanza a tres cuartos de cancha y engancha a su perfil zurdo para irse hacia dentro. No entiende. Hace mucho que no entiende. Y en cuanto a la marca y a los cierres, sencillamente, no puede porque no aprende. Para Advíncula cerrar consiste en lo que hizo en el segundo gol chileno: ir en galope desbocado hasta chocar con Araujo y provocar el rebote que el rival convirtió en gol. Pero Advíncula sigue jugando y por si no bastara lo hacen capitán. (Ver https://once.pe/quien-debe-jugar-el-distraido-advincula-o-el-responsable-corzo/)

La fórmula del fútbol es simple: los errores se pagan con goles. Vidal anota el segundo.

Chile no ganó, Perú decidió nuevamente incurrir en lo que mejor hace: equivocarse. Y así nos va: un punto en cuatro partidos.

Queda un tema en suspenso para cuando termine esta segunda fecha. Decimos en suspenso por respeto al trabajo de quienes comandan nuestra selección. Ante Chile, rival directo, hubo una altísima y fatal distracción de los jugadores. Esa falta de concentración exhibida en el Nacional de Santiago ¿no habrá sido producto de asuntos extradeportivos que un lamentable periodista empezó a azuzar echándole canela a una mazamorra de mal gusto? Si es así hay un responsable que tiene nombre y apellido y es aficionado a la ontología.

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