Vale por toda la Copa

Fabricio Torres del Aguila
Lima. - 15 noviembre 2020

Instantes que emocionan. Perú ha eliminado a la Argentina y está en las semifinales de la Copa América. Miranda se confunde en un abrazo interminable con Dulanto, con Rebosio y con el ‘Chorri’. Hay chicos como Hidalgo, Torres o Muñoz que tienen lágrimas en los ojos. Hay otros que son pura sonrisa: Carazas, Magallanes, Palomino, Sáenz, Reyna, Prado. Y están los que no lo pueden creer y quieren abrazar y besar a los compañeros, a quienes hicieron posible el 2-1: el arquerito Flores, el chinito Uehara, el chibolito Ciurlizza, el seriecito Leao Butrón, el resto. Todos son parte de este triunfo.

Revista impresa. Archivo 23 de junio de 1997.

Está, además, el mentor de todo esto, Freddy Ternero, quien apretó los puños, se soltó el nudo de la corbata y cuando algunos se le acercaron a abrazarlo enseguida mandó a todos al frente: “A ellos, feliciten a ellos”, dijo señalando a los jugadores y de inmediato se dirigió al vestuario. El abrazo personal estaba reservado para la intimidad de los camarines.

Instantes que emocionan. El partido empieza a quedar atrás, es hora de los festejos. Al ritmo del Zambo Cavero, Eddie Carazas arranca con el baile mientras los demás muchachos aplauden. El portero Chiquito  Flores amaga pero desiste, lo mismo Waldir. El resto del grupo forma un círculo, todos felices de la vida.

Las miradas se cruzan y uno percibe en la brillantez de los ojos de cada uno de estos chicos —22,5 promedio de edad— algo de asombro por lo conseguido. No es que no confiaran en ellos, es que a la confianza que se tenían le faltaba el espaldarazo, el triunfo que les diga que pueden ganarle a un grande como Argentina.

Perú ha ganado y es hora de sacar pecho porque se ganó bien, jugando limpio y haciendo un fútbol práctico, simple. Medio año y este resumen del fútbol peruano: semifinalistas en la Copa América y en la Copa Libertadores, con opción de clasificar a Francia ’98. ¿Alguien duda que se está levantando?

La noche previa

Freddy Ternero reunió a todo el plantel en el segundo piso del hotel Méndez Roca, a las 9 de la noche del viernes 20, en Sucre. Afuera, ocho grados de temperatura enfrían las calles de esta pequeña ciudad. Adentro, el frío no se siente. Las palabras del DT calientan el ambiente.

Muchachos, Argentina no llega al gol con facilidad.  Es  más, no tiene cómo llegar. El ritmo de ese equipo es lento, se cuidan de hacer un generoso desgaste. Carecen de variantes, de for­mas de desequilibrar un partido. Los laterales no suben mucho, los volantes llegan poco. Eso sí, hay que cuidarse de Gallardo. Si nos mantenemos ordenados, si no perdemos el equilibrio, ganamos. Se los aseguro, Perú se puede meter  en la semifinal  de esta  Copa América. Está en ustedes conseguirlo”.

Cuando abandonaron la sala, luego de ver los casetes con el Argentina-Ecuador y el Argentina-Paraguay, el plantel peruano estaba convencido de que el triunfo era posible, real.

Dos horas antes, Daniel Alberto Passarella había tenido una amplia reunión con la prensa de su país en el hotel donde estaban concentrados. Durante casi treinta y cinco minutos, el técnico platense se limitó a contestar preguntas acerca de Brasil, su “futuro” rival en semifinales. Veinte horas antes del partido, nadie daba nada por Perú. Fueron los propios periodistas argentinos los que bombardearon al técnico acerca del conjunto de Zagallo y Ronaldo. A todo eso, Passarella sólo decía que “no pensamos en Brasil, primero está Perú. Será un partido lindo y estamos en deuda con la gente y con nosotros mismos, así que la obligación es ganar”.

De la boca para fuera decía respetar al Perú, pero en los pasillos se oían las voces hablando de boletos para viajar al día siguiente a Santa Cruz de la Sierra, a observar en vivo el Brasil -Paraguay, es decir, al futuro rival en la lucha por un pase a la final.

Muralla Miranda

El elenco peruano llegó dos horas antes al estadio. Había un sol espléndido y en las tribunas del estadio Patria había más hinchas y banderas peruanas que argentinas, algo que no es novedad porque en este país tener acento platense no es lo más conveniente.

Perú salió a tocar y a no meterse atrás, con Palacios rotando el balón en mitad de campo, contando con el apoyo de los laterales Reyna e Hidalgo. Argentina, en cambio, tenía un solo libreto: esperar a que Marcelo Gallardo —Orteguita II— resuelva el partido con un apunte propio de su habilidad.

A los 12 minutos, una corrida de Palacios apoyado por Cominges terminó con un tiro al palo del Chorri. A los peruanos les molestó mucho desperdiciar  una  situación que debió terminar en gol. Julio Ricardo, periodista argentino conductor del programa televisivo Tribuna Caliente, dijo: ”Vamos, che, no hagan tanto drama. ¡Si le dio al palo! No es que la pelota haya terminado a cuatro metros del arco. Lo falló por poco, fue mala suerte”. Puede tener razón, pero el que conoce la capacidad para definir del Chorillano no está acostumbrado a que sea precisamente él quien pierda esa clase de goles.

Después Eddie Carazas corrigió la situación y cuando se le presentó la oportunidad hizo lo justo: fuerte a un ángulo alto, sin lujo, con fuerza y precisión. 1-0, justo y merecido. Eramos más y enseguida nomas pudimos estar iguales si no fuera porque Miguelón comenzó a ser la figura. Se vino el vendaval argentino, pero allí apareció Miguelón poniéndole el pecho a todas las balas. Ni Cruz, ni Delgado, ni Gallardo, ni nadie pudo contra él. Era su tarde y así lo demostró al atajarle el penal al Muñeco Gallardo.

Luego llegó el golazo de Martín Hidalgo, un lateral vistoso, con fútbol y con una enorme vocación ofensiva. Recibió de Sáenz, se acomodó y fusiló a Roa. A los elogios recibidos por el joven Martín, en los días previos, de parte de Carlos Bilardo, Eduardo Manera y el propio Passarella, se sumaron muchos más luego del encuentro. Sin duda, un presente real y un promisorio futuro.

Con el ingreso de Frank Palomino , un especialista en retener el balón, se optó por manejar el partido. “Antes no sabíamos manejar un resultado y terminábamos perdiendo. Ahora estos chicos están aprendiendo a hacerlo. Basta de jugar bonito y perder . Es hora de empezar a ganar”, confesaría por la noche, luego del triunfo, un tranquilo y contento Freddy Ternero.

Lo que se viene

Perú se ha ubicado entre los cuatro mejores equipos del torneo y eso tiene un enorme mérito si se tiene en cuenta la juventud de este plantel.

Viene Brasil este jueves. Ya no será en la ganadora Sucre -tres triunfos en tres presentaciones- sino en la tropical y moderna Santa Cruz de la Sierra. Se escribió en estas mismas páginas la semana pasada: los nuestros siguen en la pelea en un torneo que a priori está destinado para que lo gane Brasil o Bolivia.

Pero este grupo lucha y pelea. Y jugar con Brasil es una instancia que está más allá del resultado. Perú ingresa a competir con los grandes y eso es lo que por ahora importa en este renacer de nuestro fútbol.

Hay instantes y triunfos que emocionan. Este triunfo ante Argentina vale mucho, vale casi como esta Copa América en la que nadie nos daba chances. Y seguimos peleando. Porque así se consigue la grandeza.

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