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Voces sobre Maradona

El fenómeno Maradona, sus genialidades en el fútbol, sus opiniones como personaje, sus caídas, miserias y resurgimientos han sido objeto de la mirada de intelectuales y periodistas.

Redacción ONCE
Lima - 30 octubre 2020

Futbolistas como Diego Armando Maradona no nacen todos los días. En su novelesca biografía aparecen episodios maravillosos, complejos y polémicos. Sobre él se han hecho películas, se han escrito libros, se han creado iglesias y se han bautizado miles de niños con el nombre de Diego.

Pero, ¿cómo entender a un genio? Eduardo Galeano, Osvaldo Soriano, Mario Wainfeld y Ezequiel Fernández Moores intentan hacerlo.

“Diego Armando Maradona fue adorado no sólo por sus prodigiosos malabarismos sino también porque era un Dios sucio, pecador, el más humano de los dioses. Cualquiera podía reconocer en él una síntesis ambulante de las debilidades humanas, o al menos masculinas: mujeriego, tragón, borrachín, tramposo, mentiroso, fanfarrón, irresponsable. Pero los dioses no se jubilan, por muy humanos que sean. Él nunca pudo regresar a la anónima multitud de donde venía. La fama, que lo había salvado de la miseria, lo hizo prisionero”.

Eduardo Galeano

“Pensar que hubo quienes festejaron con champagne el día que anunció su retiro. Menos mal que Diego supo canalizar su rencor, imponerse a la envidia, ganar una apuesta consigo mismo. La fuerza interior de Maradona no tiene parangón en este país. Por eso nos cuesta entenderlo. Y no hablo sólo de fútbol. Sabe que la antorcha se gana con genio pero sobre todo con esfuerzo: ahora sí, grande, tormentoso, imponente, se convierte en un ejemplo de vida: las que pasó y cómo llegó a imponerse a sí mismo, sólo él lo sabe. Y es posible que nunca pueda explicarlo. Maradona supo que algunos habían brindado por su caída y eso en lugar de matarlo lo resucitó. En tiempos de minimalismo y hombres mediocres, parece una leyenda, el personaje de un cuento de hadas, tiene el aire del tipo que cree en la gesta y el amor a una causa. Maradona es el gran relato de este país. Un gran relato que todavía no terminó. Nosotros estamos viéndolo ahora en la inmediatez. Porque lo que le pasa al sujeto de nuestro amor no puede sernos ajeno. Por eso no cuenten conmigo para crucificar a Diego”.

Osvaldo Soriano

“¿Soy Napoleón o soy un piojo?”, se preguntaba un atormentado personaje de Dostoievski. Claro que estaba medio del tomate. La mayoría de la gente sabe que –siendo muchas cosas– uno no es tanto ni tan poco. El tremendismo, la simplificación derivan de la carencia de pensamiento o de datos. En las sociedades de masas suelen ser consecuencia de cómo se procesa la información.

El “caso Maradona” es un ejemplo de cómo simplificar burdamente una cuestión llena de aristas. “¿Culpable o inocente?”, preguntan –en definitiva– la mayoría de los medios y las encuestas evadiendo abordar, entre muchas otras, estas complejidades: a) el consumo personal de droga no es considerado universalmente delito tal cual sucede (por caso) con el homicidio. Aun en sociedades que lo castigan suelen debatir su legalización aduciéndose, entre otros factores, la posibilidad de control y su creciente aceptación social; b) Maradona forma parte de lo que Umberto Eco llamó “élites irresponsables”, aquellas personas que ungidas como modelo de comportamiento social carecen de poder institucional y, por lo tanto, no tienen responsabilidad establecida por su conducta. ¿Cuál es su responsabilidad social? ¿Es válido exigirles conductas ejemplares?;

Los medios exacerban la (intro)misión de vigilar vidas privadas. Los límites entre vida pública y privada; entre moral y delito; la relación entre fama y responsabilidad; el manejo y poder de los medios son temas arduos en una sociedad aquejada de inmediatismo y simplismo que a diario, en muchos niveles, olvida que –como dijera insuperablemente Borges– el atributo más evidente de lo real es su complejidad”.

Mario Wainfeld

“A diferencia de muchos que acumularon fortunas sólo en horas y en sótanos clandestinos, cambiando divisas o manipulando precios, Diego Maradona se hizo millonario a través de 15 años de trabajo y ante la vista de todos. Si hasta cuando hizo trampas –como en aquel gol contra Inglaterra– la TV lo denunció y él no se animó a sostener la mentira.

Tal vez podría decirse que un docente o un médico podrían ganar dineros más dignos ante las barbaridades que acumulan quienes entregan su talento a la industria de la diversión, pero desde hace años se sabe que la culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer. La diferencia de Diego con aquellos otros millonarios de cuna insospechada, finos modales y hasta de asidua aparición en los diarios, es que el divo nació en Villa Fiorito”.

Ezequiel Fernández Moores

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