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Y los dirigentes ¿hasta cuándo en silencio?

Mientras la FPF está siendo saqueada, los dirigentes de los clubes profesionales se hacen los distraídos. ¿Hasta cuándo?

Umberto Jara
Lima - 20 septiembre 2020

El escritor Alfredo Bryce solía decir que los mejores partidos del fútbol peruano se jugaban en los bares. Allí los goles se volvían más hermosos, las jugadas más brillantes, los héroes se hacían mucho más épicos. Lo que ocurría en los estadios eran los partidos oficiales pero luego continuaban en los bares, en las sobremesas, en las conversaciones futboleras y allí se hacían mejores.

Como imagen literaria es muy válida y, sin duda, es una de las razones de por qué el fútbol es el deporte más popular del planeta. Hasta allí vale lo afirmado por Bryce. Pero hay un ámbito donde no se aplica y ese ámbito corresponde a las oficinas de los dirigentes. Los partidos que ellos juegan deben ser reales, muy prácticos y con resultados que no se miden en goles sino en acciones y en obras concretas.

El problema es que la gran mayoría de los dirigentes del fútbol peruano creen que sus partidos son como los de Bryce: puro discurso. Decimos esto porque cuando uno conversa con ellos se percata de que todos son valientes como un delantero enfrentando a las defensas más rudas o creativos como un diez de antes cuando se libra de marcas para dar un pase gol. Los dirigentes dicen que “no van a permitir las barbaridades de la FPF”, señalan a viva voz que “Lozano es un sinvergüenza”, claman porque “no es posible que el fútbol peruano esté siendo destruido” y casi a los gritos dicen “basta esto no puede seguir”.

Si uno los escucha piensa, magnífico van a poner orden en cuestión de días. Pero no. No es así. Cuando se les dice, entonces vayamos al frente, cuando se les dice tienen razón hagamos algo y pongamos fin a esta barbarie, de pronto se vuelven silenciosos, no dicen nada, afirman que están muy ocupados. Algunos mas timoratos opinan que “no es el momento”. Es decir, en la teoría son más valientes que el Cholo Sotil cuando se enfrentaba a los defensas más recios pero en la práctica son temerosos y se convierten en habitantes de esa frase tan pobre: ni chicha ni limonada.

Se olvidan de algo: los grandes dirigentes en el Perú y en el mundo pertenecen a la estirpe de los hombres con fortaleza, con espíritu de acción y sobre todo con dignidad. Santiago Bernabeu (Real Madrid) o Alberto J. Armando (Boca Juniors) o Miguel Pellny (Universitario), Luis de Souza Ferreira (Alianza Lima) o Esther Grande de Bentín (Sporting Cristal), construyeron clubes que se han sostenido en el tiempo porque no se dejaban atropellar por los sinvergüenzas que suelen aparecer como en el caso de Lozano y Chiri o el directorio de la FPF.

Agustín Lozano y Óscar Chiri.

Una de las razones que hoy esgrimen es que Agustín Lozano utiliza las sanciones contra los que se le oponen y, por eso, varios dirigentes de los clubes profesionales señalan que no pueden actuar porque pueden terminar sancionados. Lo dicen sin darse cuenta de que esa frase significa que tienen temor a un dirigente surgido en la diminuta liga de Chongoyape, a un hombrecillo sin formación ni altura y que colecciona denuncia penales. A ese individuo que se ha apropiado de la FPF, le temen.

No se dan cuenta de que, precisamente, esa es la gran debilidad de Agustín Lozano: necesita sancionar para mantenerse. Entonces, si los dirigentes de los clubes principales —bastarían tres o cuatro— dijesen basta, concluiría la infamia de Lozano porque sin tres o cuatro clubes principales no podría seguir el torneo y sería la propia dirigencia la que exija poner orden en una FPF que está siendo saqueada.

Ser dirigente consiste en saber representar a una institución y poner el pecho ante las amenazas. No refugiarse en esa excusa pobre de “no hago nada porque me pueden sancionar”. Eso tiene otro nombre: burocracia, para no usar una palabra contraria a la palabra valentía.

El futbol peruano está fuera de las canchas. Una actividad que debería ser esencialmente deportiva está sucumbiendo ante la corrupción y los comportamientos irregulares e, incluso, ante los hechos delictivos. Al fútbol peruano lo han llevado oscuros personajillos por la senda del oprobio. Y los dirigentes de los clubes profesionales están permitiendo que se mancille la escasa decencia del fútbol nuestro.

¿Qué ejemplo le van a dejar a sus hijos y a los hinchas de sus equipos? Mientras estos dirigentes le exigen a sus jugadores y a sus comandos técnicos que ganen y campeonen, no se han puesto a pensar que en el torneo que ellos juegan les está ganando un funesto dirigente de liga departamental que se ha apropiado de la FPF.

Los dirigentes de los clubes profesionales si desean merecer sus cargos deberían entender que ante los comportamientos delictivos de la dirigencia de la FPF, tienen que asumir un rol. Dejen de estar en silencio, dejen de ser habitantes de la palabra en condicional y cumplan su rol. Muestren a los hinchas de sus clubes que ustedes también juegan y juegan con valentía.

Si lo hacen van a descubrir algo importante: la dignidad. Y así dejarán de ser protagonistas de un triste espectáculo en el cual un bribonzuelo los está paseando mientras los amenaza con denuncias. Si lo hacen, si cumplen sus rol, más adelante tendrán el orgullo de generar un fútbol sano, serio y profesional y sus colegas de otros países les tendrán respeto, el mismo respeto que aquí deberían tenerles sus hijos, sus jugadores y sus hinchas.

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